Perita: PAVIPOLLO

Sí. Pavipollo. No me digas que no suena bien.: Pavipollo. Así, del tirón. Parece una palabra inventada, ¿verdad?

En el diccionario de la rae va justo antes de pavisoso y pavitonto, solo que estas dos ultimas son cualidades, actitudes del humano. Pavipollo no. 

Y tampoco son las hamburguesas del mercadona que poseen carnes (al menos eso reza su composición) de las dos aves. Qué va.

pavipollo.

1. m. Pollo del pavo. 

¿Ves? Nada extraño. Y nada que ver con pavisoso o pavitonto...

Feliz semana. Feliz verano.

Perita: FARFOLLA

Sí, ya sé que Querétaro ha sido elegida la palabra más bonita del español. Pero no aparece en el diccionario, porque es un nombre propio, de ciudad, y como en el "lápices arriba" comercializado luego como Scatergories, no valen los nombres propios. Y para lo de la palabra más bonita, tampoco. Así que esta semana, la perita es Farfolla. Curiosa terminación, no me digáis.

Por asociación, la palabra farfolla nos lleva a farfullero, pero qué va. No hay que confundir farfolla con farfullar, que es lo que hace el farfullero: hablar atropelladamente, o hacer algo con tropelía y confusión.

Qué lío ¿verdad? Así, nada más empezar. 
Mira, para aclararnos voy a poner un ejemplo, real y reciente, sorprendente e indignante (qué diferente suena ahora indignante, ¿verdad?):

Me enteré hace tres días de que el ayuntamiento de Madrid ha sacado a concurso los servicios culturales y actividades de las Bibliotecas Públicas Municipales. Enlazo aquí la (enrevesada, por cierto) convocatoria.
Es todo un lote indivisible en el que hay cuentacuentos infantiles, cuentacuentos para adultos, tertulias en inglés, tertulias filosóficas y club de lectura. La licitación es hasta diciembre del 2011. El precio de salida por el lote es 35.160 €. El precio de salida de cada sesión de narración es de 110 €, sea "infantil" o de adultos (de las que solo hay programadas 15, para todo Madrid, de aquí a diciembre). Ciento diez euros. Dirigir un club de lectura (seleccionar, preparar, leer, animar a leer, tener habilidades para con el grupo, guiar en la sugerencias según los intereses del grupo...) 76 €, las tertulias en inglés 43€.
 Ese es el precio de salida. Que levante la mano la empresa que ofrezca menos, a la de una, a la de dos... Esto es lo indignante.

Lo sorprendente es que entre los criterios la baremación da 10 puntos al proyecto, 50 a la propuesta económica y 40 a las mejoras, que como en el proyecto especifica, se trata de la publicidad de la actividad. Es decir: da igual la calidad de la actividad mientras sea barata y tengamos una foto bonita. No importan los usuarios, no importa la trayectoria del programa, no importa la opinión de los profesionales que se han hecho cargo hasta ahora de programar ni el número y grado de satisfacción de los usuarios. Lo que importa es que cueste poco dinero. Y un folleto, un cartel. Una foto bonita.  

Esto es farfolla. 

farfolla.

(Del dialect. marfolla, y este del lat. malum folĭum).

1. f. Espata o envoltura de las panojas del maíz, mijo y panizo.

2. f. Cosa de mucha apariencia y de poca entidad.



Nos privatizan lo poco público que nos quedaba. Para mí las Bibliotecas eran un modelo de que lo público funciona, es equitativo y, bien gestionado, resulta incomparablemente beneficioso para la sociedad porque se ajusta permanente a ella, a sus necesidades, a sus sintereses, a su idiosincrasia (siempre me gustó esta palabra). Pero esto no es importante y se acaba. Maniatan a los profesionales públicos, quienes han trabajado la trayectoria de cada centro, quienes han marcado su ritmo y sus objetivos: Les maniatan y ceden el timón a una empresa que ojalá tenga mayor interés e implicación en la prestación del servicio que quienes redactaron su concurso, porque si no, adiós bibliotecas, adiós espacios de la palabra, de los cuentos, de la lectura, del intercambio, del encuentro, de la reflexión...

Ya ha pasado con los colegios. Del desprestigio de la institución, a la aparatosa burocracia para cualquier gestión, pasando por la movilidad física incesante del profesorado, desestructurando los centros y minando los ánimos. Maniatándolos o arrebatándoles las ganas. Triplicando el esfuerzo de quienes aún creen en ello. Pero da igual. 

Ya ha pasado con los servicios sociales en sus diferentes programas. Y con los sanitarios.

Pero no pasa nada. Farfolla.

Foto bonita. Como la del aeropuerto de Castellón, sin aviones aún, pero con visitas guiadas. Te dan una foto, eso sí. Bonita. 

Si quieres seguir leyendo sobre el tema, puedes leer a Carles García en Los cuentos de la Luna, a Pep Bruno o a Légolas.

Feliz semana.

Llego a casa dos días después de lo que tenía previsto. El martes, a las cinco de la tarde, debía haber tomado tierra en Alicante, donde tenía mi coche aparcado (espero que aún esté), dispuesto a llevarme raudo y veloz al festival de fin de curso de mi niño y disfrutarlo junto a su madre, porque no hay jet lag que pueda con la alegría de estar con los tuyos.

Pero las leyes que regulan el bello planeta que habitamos, son impredecibles y parece que últimamente están recordándonos quién manda aquí. Por suerte esta vez no fue ningún terremoto que se llevara por medio vidas humanas como en Lorca o Japón (me sigue dando rabia que la nuclear haya solapado la tragedia y a penas se hable de las pérdidas humanas que el tsunami ha producido, el humano, como siempre, a lo suyo...). Por suerte esta vez ha sido un volcán cuyas cenizas han provocado un caos circulatorio en el tráfico aéreo. A mí, al margen de todo, me parece asombroso que hoy día, un volcán, que parece de lo más antiguo en la tierra, mande al carajo todo y el humano se vea incapaz y, como siempre ha sido, deba aprender a esperar los tiempos que marca la naturaleza.

No educamos en la espera. Vivimos en el mundo de la prisa, la inmediatez. Cuanto más rápido mejor. Tenga el coste que tenga. Comemos tomates criados sin sol, sin viento y con las raíces sumergidas en gel nutriente. No saben a nada, pero tenemos tomates todo el año y crecen la mar de rápido. Seguimos construyendo el AVE en una sociedad que a duras pena araña dinero para comprar libros en las bibliotecas o pañales en los geriátricos.

Y luego llega un temblor, un volcán, una nube cargada de lluvia... y al carajo la prisa. El planeta no sabe qué es eso. Lleva millones de años dando vueltas como una peonza alrededor del sol, al ritmo que marca la música de ese inmenso espacio que cuando uno lo mira se siente pequeño, mínimo, casi ridículo, y a la vez afortunado por la belleza que le rodea.

Dos días más, sí. Aprovechados para descansar cuerpo y voz. Y para conocer Lima en ocho horas de la mano de César Villegas, Wayqui, a quien solo conocía por los foros de mi profesión y el facebook. De hecho, cuando bajé del avión me di cuenta de que no le había visto nunca. Él a mí sí, hace diez años, en Sevilla, contando con el que fue mi compañero de trabajo. A Waiqui y a mí nos bastó tener en común el oficio de la palabra dicha para sentirnos amigos desde el principio. Tuve la suerte además de elegir por internet dormir en Second house Perú: Un alojamiento único regentado por Liliana Delfín, hija de un artista (escultor de piedra, madera, metal, pintor...) referente del arte en Perú, e imagino que en el mundo. A partir de ahí la noche solo hubo que disfrutarla. Comí, bebí, reí, hablé, escuché, caminé, caminé y caminé y descubrí gracias a Wayqui y con los ojos abiertos, la noche limeña, sus calles, parte de su historia, sus peculiaridades y sus algunas de sus miserias. Yo no creo saber devolver un regalo de tal guisa. Gracias Wayqui.

Llegar al hotel, pagar con soles siendo de noche, abrir la ventana de la habitación y quedarse dormido escuchando el respirar arrítmico del pacífico fue algo también inolvidable. En la mañana pude disfrutar con prisas las obras de arte que coman el alojamiento. Una casa abierta al mar. Liliana, con dedicación y amabilidad me contó y mostró más allá de lo que hubiera imaginado. Incluso el estudo de Víctor Delfin donde le conocí (sin foto, que yo soy muy tímido para esas cosas). Y su galería. Y enseguida el taxi, aún sobresaltado por ver tanto arte y trabajo juntos, tanto mensaje directo y tanto universo sumergido. Aquí tengo que volver, con tiempo para poder respirar despacio tanto tanto. Y no puedo volver solo, que tengo una deuda con Perú.

El viaje otro regalo. Una de las películas ha sido También la lluvia, rodada en Cochabamba, con Luís Tosar y... tengo mala memoria para los nombres. De ella me habían hablado (tienes que verla) hace tiempo, y también salió en la comida con las cooperantes de Petrel y Elda. (Isa y, y... tengo mala memoria para los nombres). No me importa haber llorado en dos ocasiones, ni haberme sobrecogido muchas más, al lado de una pasajera británica que, aunque se ha pasado el viaje dormida ataviada con un chubasquero (¿va a llover? le pregunté, pero no entendió mi humor), un tapaojos, cascos con música y un almohadón hinchable para el cuello, toallitas de mano, pastillas antijetlag (lo juro), pasta de dientes, dos cepillos de dientes (dos) mocasines, y una sonrisa interior, que no roncaba pero de vez en cuando soltaba algunas frases sueltas. Ahora sé que soñaba en inglés.

Además por la ventanilla de la inglesa me acompañaba una luna inmensa que iluminaba la noche y el atlántico. Es el segundo retorno de América que hago acompañado por la grande, la redonda, la llena.

¿Se puede pedir algo más?

Pues sí. Sigo teniendo cara de sospechosos y al bajar del avión un poli malo me ha llevado un cuartito y de mis respuestas le ha sorprendido tanto que tuviera un hijo siendo soltero como que pudiera venir de contar cuentos en la Feria de Bolivia. Me ha mirado el bolso y a los quince minutos se ha convertido en poli bueno y me ha soltado.

Y ahora estoy aquí, en casa, babeado y arañado por Lluna, mi perra, con ganas de que llegue la hora y recoger a mi niño del cole y esperar a su madre a comer, y bailar entonces al ritmo que marca la naturaleza de cada uno, cuando se junta con los que quiere. Sin prisa, y contento.

Inisisto ¿Se puede pedir algo más?

Esta noche contaré en la Tetería Las mil y una noches de de Petrel, a las 22.30 h. (3€ reservas en el 680653880),  y mañana en la Cafetería Garbí de Alicante (Calle Tucumán 6). (5€ con consumición)

Deberíamos escuchar más a la tierra, deberíamos escuchar más sus músicas, sus ritmos, sus maravillas... Quizá así no le haga falta gritar tanto...

Ya acabó la feria

El domingo pasado acabó la XII Feria del Libro de Santa Cruz. El deber, que es un periódico de aquí,dice que la visitaron más de 90.000 personas, contando incluso los niños y niñas (que también son personas, claro). Lo que no dice es cuántas de esas 90.000 personas son lectoras y han encontrado en la feria la satisfacción a su pasión, pero esto también es harina de otro costal. 

El caso es que la feria ha estado la mar de animada. A mí me ha dado tiempo a pasearme, a comprar algunos libros, pero sobre todo a hablar, mirar y escuchar. 

También he contado en el stand de la empresa que patrocinó mi visita: VIVA, una empresa de telefonía móvil que opera en latinoamérica. El stand era bonito. Se llamaba Había una vez y la verdad es que siempre estaba lleno de gente con ganas de escuchar, pero a veces no se podía. Resulta que simultáneamente a mis sesiones, se desarrollaban una decena de actividades más, dentro del mismo pabellón al que llamaban infantojuvenil (que a mí siempre me sonó a desgracia o a barbarie, pero es un chirrido cultural porque aquí suena bien), cada quien con su megafonía y sus quehaceres: bien cuentos, bien papiroflexia, bien educación medioambiental, bien magia, bien... lo que uno buenamente podía ir haciendo pues era francamente complicado trabajar. Pero claro, la gente tenía ganas y prestaba mucha atención (lo verde es por un foco, no es un efecto colateral de la concentración), así que con ganas uno acababa consiguiendo que el público se metiera en la historia, pero con un sobreesfuerzo importante por ambas partes. 

¿El resultado? Pues a mí también me cuesta creerlo, pero satisfactorio, y eso que me volví a cascar la voz. Aunque, como la tozudez no pesa, insistiré en que es una verdadera lástima que tanto esfuerzo, no solo por mi parte, sino por el resto de artistas que estaban trabajando, se vea deslucido por el continuo bullicio que llenaba el pabellón. Había ratos que incluso había música, y los del escenario central (los del periódico local) se empeñaban en demostrar la potencia máxima de sus aparatos de amplificación. Y eran buenos sus aparatos, sí.

¿Algo curioso? Sí: La cantidad de fotos que me he hecho con niños, niñas de muy diversas edades; grupos numerosos y no, de adolescentes que venían a hacerme entrevistas; madres y padres encantados de las historias que les había contado. 
Imagino que también tiene que ver el aspecto pintoresco de un gordito con barba español (mira que me cuesta aclarar que soy mediterráneo) que cuenta historias graciosas, o no tanto.

¿La suerte? Las personas que he conocido y aquellas con las que me he reencontrado. Todo un lujo. Todo un plantel de artistas que anda trabajando con muchísimas más ganas que apoyos, con muchísimo más entusiasmo que presupuesto. Así que cualquier conversación con cualquiera de ellas era toda una lección y una inyección. 
Las fotos son con Rober y Mónica, que trabajan para la Fundación Simón I Patiño y que me invitaron el domingo a compartir un piqué macho, plato típico de aquí y a beber frené (sin comentarios), Y con El grupo Libélula, peleón  y bandera del teatro infantil (Vanesa es la única que sale entera, el resto pereció por la habilidad de la persona que nos hizo la foto) con quienes también compartí una noche espléndida de comedia en el Chaplín. 

Reencontrarme con personas como Kathy o Alejandra y Javo, o Ariel, que fue fugaz pero gratificante, fue todo un regalo para los adentros. Saber que le va bien a quien quieres es una alegría, y saber que los quereres son mutuos y a pesar de los kilómetros y los días, siguen, otra más.

¿La sorpresa? Pues hubo varias, pero quizá la que más fue la coincidencia con Isa, de Petrel, que anda por aquí cooperando en un proyecto brutal que lleva Nicolás Castellanos. Muerto me quedo de lo pequeño que es el mundo y de cómo son estos caminos que vamos trazando. Una alegría poder compartir comida y risas.

¿La experiencia? Genial. Creo que es la primera vez que tengo el patrocinio de una empresa privada, por lo menos en este formato, y he de agradecer a Viva, la disolución de mis temores, por ejemplo  ese tan grande en el que el trabajo de uno queda por debajo de la marca. Han sido muy respetuosos no solo con mi trabajo, sino con el modo, y en todo momento estuvieron atentos a mis necesidades y sugerencias. Un privilegio. Con rápida capacidad de reacción y total libertad de acción. Como funcione la cobertura igual que el departamento de eventos, debe ser un lujo de compañía. Así que desde aquí, mi gratitud a Carol para que la extienda a todo el departamento y personas con las que he estado en contacto.

¿El cierre? Pues no pudo ser mejor. Una sesión para público adulto, en una sala donde se podía contar tranquilamente, incluso sin micro (a pesar de tener la voz de Pepe Isbert) Y conté, claro. A las más de sesenta personas que vinieron, la mayoría sabiendo a qué, y se dejaron llevar durante 75 minutos de la mano de las historias de mi abuelo y la fiesta de San Antonio, o el amor de mi tía Paca y sus abrazos cubanos, o mi versión de El árbol generoso (de Shel Silverstein), o varias historias más. Acabamos todos de pie, agradeciendo mutuamente el placer de la palabra dicha.

¿El viaje de retorno? Suspendido. Las cenizas de un precioso volcán han impedido que mi vuelo despegara. De aquí a un rato largo lo vuelvo a intentar, pero esta vez vía Lima, donde pasaré la noche de hoy y, si todo va bien (¿por qué no?), llegaré justo a tiempo para contar el jueves en la Tetería las mil y una noches de Petrel. mientras, pude disfrutar de mi pequeño placer boliviano: un jugo (como llaman aquí) de maracuyá y naranja, y una salteña "calientita"

Y, ¿en la retina?. En la retina me llevo la ironía de una feria que acaba el día en el que en este continente se denuncia el trabajo infantil, en una ciudad en la que he visto más niños en la calle que nunca: aparcando coches, vendiendo cualquier cosa, o echados sobre unos cartones tratando de soñar. Y eso es solo lo que se ve; ocultos en casas, talleres o minas, quedan los trabajos más duros, peligrosos y feroces. 

Ya lo he dicho, pero no me cansaré de repetirlo. El disfrute de la infancia no debería ser un derecho, sino una obligación.

Ojalá que esta sociedad descorazonada, no les pueda arrebatar los sueños tan fácilmente como les arrebata la época del juego, la risa y la canción, aunque duerman sobre camas tan delgadas como un cartón.

Hoy no es lunes. Lo sé. Es martes, pero si yo te contara... En fin, aquí está la perita. Hay días y días, ¿no? Pues hoy es uno de esos en los que uno mira al cielo y solo encuentra motivos para añorar, lo que sea, pero añorar. Ese tono café que a veces toma la vida hoy parece que lo inunde todo así que me voy a descansar un ratillo que todo viene de ahí.

Seguimos indignados por la sordera que padece nuestra clase política. Pareciera que se han hecho los amos, con sus sonrisas sarcásticas y despóticas, sus ironías mal encaradas, sus bolsillos cosiditos en sus nuevos trajes.

Se acercan nuevos tiempos y para ello habrá que retomar viejas costumbres. A desalambrar. Que la tierra es tuya, mía y de aquel, de Pedro, María, de Juan y José.

Feliz semana, con las tenazas en la mano.


luctuoso, sa.

(Del lat. luctuōsus).

1. adj. Triste, fúnebre y digno de llanto.

2. f. Derecho que se pagaba en algunas provincias a los señores y prelados cuando morían sus súbditos, y a veces consistía en una alhaja o prenda de ropa del difunto; la que él señalaba en su testamento, o la que el señor o prelado elegía.

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