Perita: PAVIPOLLO

Sí. Pavipollo. No me digas que no suena bien.: Pavipollo. Así, del tirón. Parece una palabra inventada, ¿verdad?

En el diccionario de la rae va justo antes de pavisoso y pavitonto, solo que estas dos ultimas son cualidades, actitudes del humano. Pavipollo no. 

Y tampoco son las hamburguesas del mercadona que poseen carnes (al menos eso reza su composición) de las dos aves. Qué va.

pavipollo.

1. m. Pollo del pavo. 

¿Ves? Nada extraño. Y nada que ver con pavisoso o pavitonto...

Feliz semana. Feliz verano.

Perita: FARFOLLA

Sí, ya sé que Querétaro ha sido elegida la palabra más bonita del español. Pero no aparece en el diccionario, porque es un nombre propio, de ciudad, y como en el "lápices arriba" comercializado luego como Scatergories, no valen los nombres propios. Y para lo de la palabra más bonita, tampoco. Así que esta semana, la perita es Farfolla. Curiosa terminación, no me digáis.

Por asociación, la palabra farfolla nos lleva a farfullero, pero qué va. No hay que confundir farfolla con farfullar, que es lo que hace el farfullero: hablar atropelladamente, o hacer algo con tropelía y confusión.

Qué lío ¿verdad? Así, nada más empezar. 
Mira, para aclararnos voy a poner un ejemplo, real y reciente, sorprendente e indignante (qué diferente suena ahora indignante, ¿verdad?):

Me enteré hace tres días de que el ayuntamiento de Madrid ha sacado a concurso los servicios culturales y actividades de las Bibliotecas Públicas Municipales. Enlazo aquí la (enrevesada, por cierto) convocatoria.
Es todo un lote indivisible en el que hay cuentacuentos infantiles, cuentacuentos para adultos, tertulias en inglés, tertulias filosóficas y club de lectura. La licitación es hasta diciembre del 2011. El precio de salida por el lote es 35.160 €. El precio de salida de cada sesión de narración es de 110 €, sea "infantil" o de adultos (de las que solo hay programadas 15, para todo Madrid, de aquí a diciembre). Ciento diez euros. Dirigir un club de lectura (seleccionar, preparar, leer, animar a leer, tener habilidades para con el grupo, guiar en la sugerencias según los intereses del grupo...) 76 €, las tertulias en inglés 43€.
 Ese es el precio de salida. Que levante la mano la empresa que ofrezca menos, a la de una, a la de dos... Esto es lo indignante.

Lo sorprendente es que entre los criterios la baremación da 10 puntos al proyecto, 50 a la propuesta económica y 40 a las mejoras, que como en el proyecto especifica, se trata de la publicidad de la actividad. Es decir: da igual la calidad de la actividad mientras sea barata y tengamos una foto bonita. No importan los usuarios, no importa la trayectoria del programa, no importa la opinión de los profesionales que se han hecho cargo hasta ahora de programar ni el número y grado de satisfacción de los usuarios. Lo que importa es que cueste poco dinero. Y un folleto, un cartel. Una foto bonita.  

Esto es farfolla. 

farfolla.

(Del dialect. marfolla, y este del lat. malum folĭum).

1. f. Espata o envoltura de las panojas del maíz, mijo y panizo.

2. f. Cosa de mucha apariencia y de poca entidad.



Nos privatizan lo poco público que nos quedaba. Para mí las Bibliotecas eran un modelo de que lo público funciona, es equitativo y, bien gestionado, resulta incomparablemente beneficioso para la sociedad porque se ajusta permanente a ella, a sus necesidades, a sus sintereses, a su idiosincrasia (siempre me gustó esta palabra). Pero esto no es importante y se acaba. Maniatan a los profesionales públicos, quienes han trabajado la trayectoria de cada centro, quienes han marcado su ritmo y sus objetivos: Les maniatan y ceden el timón a una empresa que ojalá tenga mayor interés e implicación en la prestación del servicio que quienes redactaron su concurso, porque si no, adiós bibliotecas, adiós espacios de la palabra, de los cuentos, de la lectura, del intercambio, del encuentro, de la reflexión...

Ya ha pasado con los colegios. Del desprestigio de la institución, a la aparatosa burocracia para cualquier gestión, pasando por la movilidad física incesante del profesorado, desestructurando los centros y minando los ánimos. Maniatándolos o arrebatándoles las ganas. Triplicando el esfuerzo de quienes aún creen en ello. Pero da igual. 

Ya ha pasado con los servicios sociales en sus diferentes programas. Y con los sanitarios.

Pero no pasa nada. Farfolla.

Foto bonita. Como la del aeropuerto de Castellón, sin aviones aún, pero con visitas guiadas. Te dan una foto, eso sí. Bonita. 

Si quieres seguir leyendo sobre el tema, puedes leer a Carles García en Los cuentos de la Luna, a Pep Bruno o a Légolas.

Feliz semana.

Regresé. ¡Yú!¡Jú!

Llego a casa dos días después de lo que tenía previsto. El martes, a las cinco de la tarde, debía haber tomado tierra en Alicante, donde tenía mi coche aparcado (espero que aún esté), dispuesto a llevarme raudo y veloz al festival de fin de curso de mi niño y disfrutarlo junto a su madre, porque no hay jet lag que pueda con la alegría de estar con los tuyos.

Pero las leyes que regulan el bello planeta que habitamos, son impredecibles y parece que últimamente están recordándonos quién manda aquí. Por suerte esta vez no fue ningún terremoto que se llevara por medio vidas humanas como en Lorca o Japón (me sigue dando rabia que la nuclear haya solapado la tragedia y a penas se hable de las pérdidas humanas que el tsunami ha producido, el humano, como siempre, a lo suyo...). Por suerte esta vez ha sido un volcán cuyas cenizas han provocado un caos circulatorio en el tráfico aéreo. A mí, al margen de todo, me parece asombroso que hoy día, un volcán, que parece de lo más antiguo en la tierra, mande al carajo todo y el humano se vea incapaz y, como siempre ha sido, deba aprender a esperar los tiempos que marca la naturaleza.

No educamos en la espera. Vivimos en el mundo de la prisa, la inmediatez. Cuanto más rápido mejor. Tenga el coste que tenga. Comemos tomates criados sin sol, sin viento y con las raíces sumergidas en gel nutriente. No saben a nada, pero tenemos tomates todo el año y crecen la mar de rápido. Seguimos construyendo el AVE en una sociedad que a duras pena araña dinero para comprar libros en las bibliotecas o pañales en los geriátricos.

Y luego llega un temblor, un volcán, una nube cargada de lluvia... y al carajo la prisa. El planeta no sabe qué es eso. Lleva millones de años dando vueltas como una peonza alrededor del sol, al ritmo que marca la música de ese inmenso espacio que cuando uno lo mira se siente pequeño, mínimo, casi ridículo, y a la vez afortunado por la belleza que le rodea.

Dos días más, sí. Aprovechados para descansar cuerpo y voz. Y para conocer Lima en ocho horas de la mano de César Villegas, Wayqui, a quien solo conocía por los foros de mi profesión y el facebook. De hecho, cuando bajé del avión me di cuenta de que no le había visto nunca. Él a mí sí, hace diez años, en Sevilla, contando con el que fue mi compañero de trabajo. A Waiqui y a mí nos bastó tener en común el oficio de la palabra dicha para sentirnos amigos desde el principio. Tuve la suerte además de elegir por internet dormir en Second house Perú: Un alojamiento único regentado por Liliana Delfín, hija de un artista (escultor de piedra, madera, metal, pintor...) referente del arte en Perú, e imagino que en el mundo. A partir de ahí la noche solo hubo que disfrutarla. Comí, bebí, reí, hablé, escuché, caminé, caminé y caminé y descubrí gracias a Wayqui y con los ojos abiertos, la noche limeña, sus calles, parte de su historia, sus peculiaridades y sus algunas de sus miserias. Yo no creo saber devolver un regalo de tal guisa. Gracias Wayqui.

Llegar al hotel, pagar con soles siendo de noche, abrir la ventana de la habitación y quedarse dormido escuchando el respirar arrítmico del pacífico fue algo también inolvidable. En la mañana pude disfrutar con prisas las obras de arte que coman el alojamiento. Una casa abierta al mar. Liliana, con dedicación y amabilidad me contó y mostró más allá de lo que hubiera imaginado. Incluso el estudo de Víctor Delfin donde le conocí (sin foto, que yo soy muy tímido para esas cosas). Y su galería. Y enseguida el taxi, aún sobresaltado por ver tanto arte y trabajo juntos, tanto mensaje directo y tanto universo sumergido. Aquí tengo que volver, con tiempo para poder respirar despacio tanto tanto. Y no puedo volver solo, que tengo una deuda con Perú.

El viaje otro regalo. Una de las películas ha sido También la lluvia, rodada en Cochabamba, con Luís Tosar y... tengo mala memoria para los nombres. De ella me habían hablado (tienes que verla) hace tiempo, y también salió en la comida con las cooperantes de Petrel y Elda. (Isa y, y... tengo mala memoria para los nombres). No me importa haber llorado en dos ocasiones, ni haberme sobrecogido muchas más, al lado de una pasajera británica que, aunque se ha pasado el viaje dormida ataviada con un chubasquero (¿va a llover? le pregunté, pero no entendió mi humor), un tapaojos, cascos con música y un almohadón hinchable para el cuello, toallitas de mano, pastillas antijetlag (lo juro), pasta de dientes, dos cepillos de dientes (dos) mocasines, y una sonrisa interior, que no roncaba pero de vez en cuando soltaba algunas frases sueltas. Ahora sé que soñaba en inglés.

Además por la ventanilla de la inglesa me acompañaba una luna inmensa que iluminaba la noche y el atlántico. Es el segundo retorno de América que hago acompañado por la grande, la redonda, la llena.

¿Se puede pedir algo más?

Pues sí. Sigo teniendo cara de sospechosos y al bajar del avión un poli malo me ha llevado un cuartito y de mis respuestas le ha sorprendido tanto que tuviera un hijo siendo soltero como que pudiera venir de contar cuentos en la Feria de Bolivia. Me ha mirado el bolso y a los quince minutos se ha convertido en poli bueno y me ha soltado.

Y ahora estoy aquí, en casa, babeado y arañado por Lluna, mi perra, con ganas de que llegue la hora y recoger a mi niño del cole y esperar a su madre a comer, y bailar entonces al ritmo que marca la naturaleza de cada uno, cuando se junta con los que quiere. Sin prisa, y contento.

Inisisto ¿Se puede pedir algo más?

Esta noche contaré en la Tetería Las mil y una noches de de Petrel, a las 22.30 h. (3€ reservas en el 680653880),  y mañana en la Cafetería Garbí de Alicante (Calle Tucumán 6). (5€ con consumición)

Deberíamos escuchar más a la tierra, deberíamos escuchar más sus músicas, sus ritmos, sus maravillas... Quizá así no le haga falta gritar tanto...

Ya acabó la feria

El domingo pasado acabó la XII Feria del Libro de Santa Cruz. El deber, que es un periódico de aquí,dice que la visitaron más de 90.000 personas, contando incluso los niños y niñas (que también son personas, claro). Lo que no dice es cuántas de esas 90.000 personas son lectoras y han encontrado en la feria la satisfacción a su pasión, pero esto también es harina de otro costal. 

El caso es que la feria ha estado la mar de animada. A mí me ha dado tiempo a pasearme, a comprar algunos libros, pero sobre todo a hablar, mirar y escuchar. 

También he contado en el stand de la empresa que patrocinó mi visita: VIVA, una empresa de telefonía móvil que opera en latinoamérica. El stand era bonito. Se llamaba Había una vez y la verdad es que siempre estaba lleno de gente con ganas de escuchar, pero a veces no se podía. Resulta que simultáneamente a mis sesiones, se desarrollaban una decena de actividades más, dentro del mismo pabellón al que llamaban infantojuvenil (que a mí siempre me sonó a desgracia o a barbarie, pero es un chirrido cultural porque aquí suena bien), cada quien con su megafonía y sus quehaceres: bien cuentos, bien papiroflexia, bien educación medioambiental, bien magia, bien... lo que uno buenamente podía ir haciendo pues era francamente complicado trabajar. Pero claro, la gente tenía ganas y prestaba mucha atención (lo verde es por un foco, no es un efecto colateral de la concentración), así que con ganas uno acababa consiguiendo que el público se metiera en la historia, pero con un sobreesfuerzo importante por ambas partes. 

¿El resultado? Pues a mí también me cuesta creerlo, pero satisfactorio, y eso que me volví a cascar la voz. Aunque, como la tozudez no pesa, insistiré en que es una verdadera lástima que tanto esfuerzo, no solo por mi parte, sino por el resto de artistas que estaban trabajando, se vea deslucido por el continuo bullicio que llenaba el pabellón. Había ratos que incluso había música, y los del escenario central (los del periódico local) se empeñaban en demostrar la potencia máxima de sus aparatos de amplificación. Y eran buenos sus aparatos, sí.

¿Algo curioso? Sí: La cantidad de fotos que me he hecho con niños, niñas de muy diversas edades; grupos numerosos y no, de adolescentes que venían a hacerme entrevistas; madres y padres encantados de las historias que les había contado. 
Imagino que también tiene que ver el aspecto pintoresco de un gordito con barba español (mira que me cuesta aclarar que soy mediterráneo) que cuenta historias graciosas, o no tanto.

¿La suerte? Las personas que he conocido y aquellas con las que me he reencontrado. Todo un lujo. Todo un plantel de artistas que anda trabajando con muchísimas más ganas que apoyos, con muchísimo más entusiasmo que presupuesto. Así que cualquier conversación con cualquiera de ellas era toda una lección y una inyección. 
Las fotos son con Rober y Mónica, que trabajan para la Fundación Simón I Patiño y que me invitaron el domingo a compartir un piqué macho, plato típico de aquí y a beber frené (sin comentarios), Y con El grupo Libélula, peleón  y bandera del teatro infantil (Vanesa es la única que sale entera, el resto pereció por la habilidad de la persona que nos hizo la foto) con quienes también compartí una noche espléndida de comedia en el Chaplín. 

Reencontrarme con personas como Kathy o Alejandra y Javo, o Ariel, que fue fugaz pero gratificante, fue todo un regalo para los adentros. Saber que le va bien a quien quieres es una alegría, y saber que los quereres son mutuos y a pesar de los kilómetros y los días, siguen, otra más.

¿La sorpresa? Pues hubo varias, pero quizá la que más fue la coincidencia con Isa, de Petrel, que anda por aquí cooperando en un proyecto brutal que lleva Nicolás Castellanos. Muerto me quedo de lo pequeño que es el mundo y de cómo son estos caminos que vamos trazando. Una alegría poder compartir comida y risas.

¿La experiencia? Genial. Creo que es la primera vez que tengo el patrocinio de una empresa privada, por lo menos en este formato, y he de agradecer a Viva, la disolución de mis temores, por ejemplo  ese tan grande en el que el trabajo de uno queda por debajo de la marca. Han sido muy respetuosos no solo con mi trabajo, sino con el modo, y en todo momento estuvieron atentos a mis necesidades y sugerencias. Un privilegio. Con rápida capacidad de reacción y total libertad de acción. Como funcione la cobertura igual que el departamento de eventos, debe ser un lujo de compañía. Así que desde aquí, mi gratitud a Carol para que la extienda a todo el departamento y personas con las que he estado en contacto.

¿El cierre? Pues no pudo ser mejor. Una sesión para público adulto, en una sala donde se podía contar tranquilamente, incluso sin micro (a pesar de tener la voz de Pepe Isbert) Y conté, claro. A las más de sesenta personas que vinieron, la mayoría sabiendo a qué, y se dejaron llevar durante 75 minutos de la mano de las historias de mi abuelo y la fiesta de San Antonio, o el amor de mi tía Paca y sus abrazos cubanos, o mi versión de El árbol generoso (de Shel Silverstein), o varias historias más. Acabamos todos de pie, agradeciendo mutuamente el placer de la palabra dicha.

¿El viaje de retorno? Suspendido. Las cenizas de un precioso volcán han impedido que mi vuelo despegara. De aquí a un rato largo lo vuelvo a intentar, pero esta vez vía Lima, donde pasaré la noche de hoy y, si todo va bien (¿por qué no?), llegaré justo a tiempo para contar el jueves en la Tetería las mil y una noches de Petrel. mientras, pude disfrutar de mi pequeño placer boliviano: un jugo (como llaman aquí) de maracuyá y naranja, y una salteña "calientita"

Y, ¿en la retina?. En la retina me llevo la ironía de una feria que acaba el día en el que en este continente se denuncia el trabajo infantil, en una ciudad en la que he visto más niños en la calle que nunca: aparcando coches, vendiendo cualquier cosa, o echados sobre unos cartones tratando de soñar. Y eso es solo lo que se ve; ocultos en casas, talleres o minas, quedan los trabajos más duros, peligrosos y feroces. 

Ya lo he dicho, pero no me cansaré de repetirlo. El disfrute de la infancia no debería ser un derecho, sino una obligación.

Ojalá que esta sociedad descorazonada, no les pueda arrebatar los sueños tan fácilmente como les arrebata la época del juego, la risa y la canción, aunque duerman sobre camas tan delgadas como un cartón.

Hoy no es lunes. Lo sé. Es martes, pero si yo te contara... En fin, aquí está la perita. Hay días y días, ¿no? Pues hoy es uno de esos en los que uno mira al cielo y solo encuentra motivos para añorar, lo que sea, pero añorar. Ese tono café que a veces toma la vida hoy parece que lo inunde todo así que me voy a descansar un ratillo que todo viene de ahí.

Seguimos indignados por la sordera que padece nuestra clase política. Pareciera que se han hecho los amos, con sus sonrisas sarcásticas y despóticas, sus ironías mal encaradas, sus bolsillos cosiditos en sus nuevos trajes.

Se acercan nuevos tiempos y para ello habrá que retomar viejas costumbres. A desalambrar. Que la tierra es tuya, mía y de aquel, de Pedro, María, de Juan y José.

Feliz semana, con las tenazas en la mano.


luctuoso, sa.

(Del lat. luctuōsus).

1. adj. Triste, fúnebre y digno de llanto.

2. f. Derecho que se pagaba en algunas provincias a los señores y prelados cuando morían sus súbditos, y a veces consistía en una alhaja o prenda de ropa del difunto; la que él señalaba en su testamento, o la que el señor o prelado elegía.

El cuentacuentos Albo regresa a la XII Feria del Libro miércoles 1 de junio de 2011

Cuentacuentos para la FIL, libros digitales en colegios, martes 7 de junio

Cuentacuentos en la Feria del libro, martes 7 de junio de 2011 

 

 

 

Hace no demasiado tiempo (porque aún me acuerdo) hablaba no sé muy bien con quién sobre la presencia de nuevos testamentos en algunos hoteles. Uno va de aquí para allá y ve un poco de todo: desde alquiler de ropa de deporte por si quieres ir al gimnasio, la fianza de 30 € por un cable de red, una play station disponible solo si viajas con niños, hasta hojitas deslizadas por debajo de la puerta de la habitación ofreciéndote una amplia gama de servicios sexuales ya no recuerdo si a buen precio.

La persona con la que hablaba, que sigo sin conseguir recordar más que su género distinto al mío, se sorprendió y me dio a entender que seguro que era responsabilidad mía por el tipo de hoteles en los que me hospedaba y zanjó el tema a lo Felipe Borbón. Y no me dijo lo del minuto de gloria pues porque no había cámaras.

En el equipamiento del pequeño apartamento en el que me hospedo, imagino que enmarcado dentro de una campaña a la lectura (divina) o a la sanación del alma, incluyen un Nuevo Testamento bilingüe español e inglés colocado en una de las mesitas de noche al lado del teléfono.

Como traigo mis libros de lectura (cuidadosamente seleccionados para aprovechar los ratos muertos) en estos casos suelo devolver el libro a recepción, pero aquí no es preciso pasar por ella al entrar y salir del recinto, así que opté por dejarlo en unas estanterías que hay en el saloncito donde reside la televisión, una mesa y un pequeño sofá. 

A mi regreso, el libro sagrado para los cristianos y religiones aledañas, estaba de nuevo en la mesita. Milagro pensé, pero como no creo en ellos, saqué el libro de la habitación y lo coloqué en un pequeño cuartito sin uso  que posee el apartamento. A partir de aquí, cada día he dedicado un rato matinal a pensar dónde esconder el dichoso libro: entre los cojines del sofá, en un cajón del armario, encima de una de las sillas de la mesa del salón, detrás de la televisión... Y siempre vuelve (espero que no por su propio pie) a la mesita derecha (cuál si no) al lado del teléfono.

Curioso, he abierto el libro y encuentro un sello que lo identifica como un ejemplar donado gratuitamente por los Gedeones, y este nombre sí que me ha acongojado. ¿Será que un Gedeón obsesionado con que el dichoso nuevo testamento dirija mis sueños quien devuelve el libro a su lugar inicial? ¿Qué leches es un gedeón? porque con ese nombre, uno se imagina cualquier cosa (grande y poco bondadosa).

Menos mal que el apartamentito tiene wifi (guaifai que dicen aquí) e internet me ha aclarado que son personas (lo que me deja más tranquilo) cristianas (no sé si evangelistas) que reparten en 180 países el Nuevo Testamento.


¡Tócate el florete! he pensado, y antes de acostarme a dormir (tranquilo) habiendo dejado el libro de hojas de papel de cebolla debajo de la pila del baño, he leído El País (esta manía que tengo de buscar alguna razón para acostarme de mala leche) y me entero que en Valencia la gente sale a la calle, la policía blande sus porras y mientras, el nuevo presidente de las Cortes Valencianas planta un crucifijo encima de la mesa para jurar su cargo.

¡Tócate el florete! vuelvo a pensar. ¿A que es un gedeón el paisano presidente?

Y a todo esto que me deja con los ojos abiertos y el alma desazonada, el canal 9 (la televisión autonómica de mi comunidad) le dedica no más de seis renglones en su web.

Y mirando la columna de banners de la derecha me encuentro un logotipo que lo aclara todo: informativo NT9 sordos las 24 horas... 

Ahora ya lo entiendo y parece que puedo dormir más tranquilo, claro.

Que dios nos pille confesados.

Buenas noches, felices sueños, a ser posible laicos, aunque los sueños, sueños son.

Este es mi tercer viaje a Santa Cruz de la Sierra, una enorme ciudad, que además no para de crecer, en la parte oriente de Bolivia. Hace calor, pero eso es normal, porque estamos en invierno ;o).

Esta vez me ha traído una empresa privada: VIVA, que se dedica a la telefonía y posee una fundación que se llama Estás Vivo y se dedica a la acción social y cultural. Así que tuvieron a bien traerme a participar en la Feria del libro.

Llegué el domingo después de un viaje laaaaaaargo y algo tedioso (tedi/oso), pero bonito. No sé qué tiene venir hasta esta orilla, pero a uno le recorre un algo especial por el cuerpo. 

Desde el lunes he realizado dos actividades básicamente: visitar los platós de televisión de la ciudad por las mañanas y desarrollar un taller por las tardes con un grupo de veinticinco personas que se iban multiplicando cada día hasta llegar a los cuarenta y uno de la última tarde la de ayer.

Las televisiones no son nada diferentes de las de mi orilla. Los programas matinales aquí y allá mezclan con una habilidad sorprendente un evento cultural con un proyecto de ley, una lavadora que te deja más tiempo libre, un concurso de una pelota que cae por un bastidor, una belleza que promociona su región, un refresco que te da razones para seguir o la posibilidad de saludar a todos los familiares y amigos queridos que te de tiempo a nombrar en tres segundos. 

Igual aquí que allí, hay conductores de programas que saben a quién van a entrevistar, hay quien no, hay a quien le parece interesar, hay a quien no, hay quien lo disimula, hay quien no, pero la tónica general es la amabilidad, por supuesto. Pero cuando uno se sienta en esos platós que parecen una sala de estar de una casa, o una barra de una terraza de moda, o la mesa de decisiones importantes de una empresa, uno no sabe ni qué le van a preguntar ni cuánto tiempo tiene para responder ni si mirar a la chica (en la mayoría de los casos) o al técnico que parece querer comunicarte algo (pero no) o a cualquiera de las dos, tres o cuatro cámaras que no paran de moverse. Chico, un estrés de aquí te espero para los siete, diez o doce minutos (de gloria diría el píguíncipe bogbón). El caso es que a lo largo de la semana, he hablado de la profesión, de por qué creo necesario contar, escuchar, leer, disfrutar, e incluso he contado algún cuento (breve y rápido). Parece que no pero uno le va cogiendo el tranquilo y ya parece que sé dónde miro, pero es pura casualidad.

Menos mal que a lo largo de la semana me ha venido acompañando Graciela, una mujer bellísima (fue reina del carnaval el año pasado) y ella se maneja en los medios con una naturalidad, calma y habilidad impresionantes. Tambiñen están ahí Carolina, Luis y Natalia, todos trabajadores de Viva y bellos (aquí la gente es guapa por lo general, aunque Luis perdió al afeitarse) y la gente del Stand que calman mis aturdimientos y este jet lag que aún me dura y que creo que no voy a poner de mi parte ya para que se me pase.

Por las tardes el taller ha sido un regalo. Venir a trabajar con un grupo de gente que tiene ganas de aprender es algo que facilita mucho, muchísimo la labor, sobretodo teniendo en cuenta que teníamos a penas seis horas para comentar las herramientas básicas a la hora de contar cuentos, los cómos, los por qués, los cuándos y los dóndes. Nos dio tiempo a contar, a preparar el nacimiento de una historia desde la mano, a ver algún video de otras formas de narrar, a buscar detrás de las ilustraciones, a pasar un buen rato y (en lo particular) a dejar clar oque soy mediterráneo a pesar de que en los medios me llamen "el español".



Lo he pasado bien y ha sido gracias a todas y cada una de las personas que han venido puntualmente (que aquí para eso son muy mediterráneos) y con ganas, muchas ganas (insisto pero ha sido así). Y también a las tres azafatas que estuvieron pendientes en todo momento de que no me faltara de nada.

Hoy cambio de actividad, vamos, de aquí a una hora (que mientras en mi orilla serán las 22.00 h. aquí serán las 16.00 h.) comenzaré a contar cuentos en un espacio donde confluyen todas las actividades de animación de la feria y a la vez. Aquí, como allí, a veces las cifras de participación pueden más que la calidad de lo prestado. haremos lo que se pueda, de hecho desde Viva y la Cámara Bolivariana del Libro estuvieron ayer tratando de coordinar para que todo salga bien. Ya os cuento.

Ahora llueve y los pájaros se han puesto a cantar y es una alegría doble: por la lluvia y por el canto exótico de unos pájaros que no alcanzo a distinguir entre la frondosidad que rodea el hotel.

perita: Mansalva

Arranca la semana a mis cinco de la mañana en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Me he venido por estos lares a una feria del libro linda, por tercera vez. Un viaje matador, para qué decir otra cosa. Tuve la suerte además de volar Madrid/Sao Paulo. Con un ser insólito. A simple vista parecía una persona; mantenía una conversación normal, una mirada calma, un gesto moderado... pero al dormir manifestó que era un oso. Un oso primaveral que pretendía llamar la atención de la osa de su vida, que habría quedado en Somiedo o la parte oscura de El Bierzo. Insólito el viaje. Luego diez horas de transbordo y al llegar al hotel ya en Bolivia, unos hinchas futboleros con alma de mariachi intentaron sin éxito afinar un jembè mientras unas voces femeninas les acompañaban no sé bien si tratando de dar el tono, la nota, o contestar a mi oso humanizado desde cerca de 2000 kms. más allá.

En fin, voy a una rueda de prensa que me han convocado a las 7.15 de la mañana. Voy guapo. Bueno, he hecho lo que he podido.

Salud y buena semana.

mansalva.

(De mano y salva).

~.
1. loc. adv. Sin ningún peligro, sobre seguro.


Tenía yo otra idea del significado de esta palabra, mira tú. La rae, como la sociedad valenciana, siempre me sorprende. 

. . .