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#Postaldesde ILLESCAS


#Postaldesde NARÓN


#Postaldesde MONÓVAR




El pasado lunes 11, a las 3:40 h. estaba sentado en mi coche caminito de Zaragoza. Una noche fría, una carretera calma, una luna tímida y un viento feroz me acompañaron hasta la entrada del Colegio Luis Vives, en la capital. Allí iba a pasar mi primer día por tierras de Aragón. En la puerta del cole, varios carteles que una niña linda había dibujado animaban a los padres y madres a acudir a una charla que iba a dar por la tarde sobre contar cuentos en casa.

Gracias a ese cartel algunos niños y niñas me reconocieron por el pasillo. En la Biblioteca Escolar conté a los tres grupos en los que dividimos a todo el alumnado. Los de Infantil fueron los primeros, inquietos y con ganas. Reímos, mezclamos colores y despertamos a una abuela dormilona. Con 1º, 2º y 3º vimos qué había al otro lado del árbol, sembramos con Jaime más de cinco bellotas y conseguimos despertar a la abuela con un beso. Con 4º, 5º y 6º nos acercamos al desierto y fuimos a la casa de la abuela de Cris, una niña con dos amigas que se llamaban igual y que una noche ventosa pasaron un alguito de miedo. 

No sé cuál de los tres grupos tenía más ganas de escuchar historias. Ni quiénes disfrutaron más, bueno eso sí que lo sé: yo.

Después de comer pude ver cómo las paredes del centro estaban decoradas con camas, muchas camas. Camas tridimensionales, camas coloreadas... algunas las firmé y todo, porque les hacía ilusión tener mi firma en sus dibujos y hubo quien en sus cuadernos. Al rato la charla de padres y madres. Los padres no pudieron venir así que aprovechamos para hablar y hablar de los cuentos, de la importancia de contar en casa, de intercambiar, de mirar, de escuchar, de bailar las voces con nuestros hijos. Las voces, las miradas y las emociones... eso es casi casi tan intenso como un abrazo. La suerte de ese cole, al amrgen de las maestras turuletas que quieren darle vida a la Biblioteca, es la cantidad de países de origen de las madres y padres del alumnado. Eso hay que aprovecharlo. Al preguntarles sobre los cuentos de su infancia, empezaron a aparecer sobre la mesa hogueras, noches enteras incluso un baobab  enorme lleno de historias sobre raíces y pueblos. Un lujo.

Y acabamos con el equipo docente y alguna maestra de otro centro cercano donde llenamos la mesa de libros y alguna que otra estrategia. No es difícil, si uno quiere. Contar en el aula es una herramienta que debería formar parte del engranaje de todo centro educativo. Ahí estuvimos, buceando, sumergidos en los álbumes y en las palabras.

Esa noche dormí casi por intuición con una sonrisa que me provocó sueños bonitos.

Al día siguiente UTEBO entero olía a camas. Las maestras de Infantil del C.E.I.P. Parque Europa habían trabajado mi álbum "Si un día juntásemos todas las camas del mundo" de tal manera que una niña de 4 años iba acompañándome con su voz mientras yo lo contaba. "Félix Albo, Félix Albo" coreaban las niñas y niños de 3, 4 y 5 años a los que dediqué encantadísimo la mañana fría del martes. Grupo por grupo fueron pasando por la exquisita Biblioteca Escolar donde les esperaban mis cuentos y un lote de libros con los que iban a trabajar en el siguiente trimestre. Si recibir un lote de libros se vive como una fiesta, qué no será la lectura y el trabajo que sus maestras hacen en el aula. 
El centro entero estaba decorado con paneles y murales de todo lo que han ido trabajando, entre ellos el mural que engalana y encabeza este post, un mural inmenso que hizo falta juntar cinco fotos para mostrarlo, donde cada menor había dibujado y pintado su cama para luego pegar la foto de su carita en ella y no dejar lugar a dudas de sus ganas de soñar y la facilidad que tienen además de por la infancia, por el trabajo de libros y poesía que se hace en el aula. Poesía como la infinita que labraba un camino desde la puerta de cada aula hasta la Biblioteca.

Después de comer, un encuentro con el grupo de Leer Juntos, padres, madres, maestras y maestros en torno a los libros. Había leído 101 pulgas, y también Memento Mori, y Yayerías no porque no quedan ya casi en el mercado y es difícil de conseguir que si no también se lo leen (creo que están enfermos). Les conté un par de cuentos con los que se nos fue la escasa hora y media que teníamos, pero lo disfrutamos tanto que un grupo de docentes y yo no pudimos evitar alargar un poquito la tarde para seguir mezclando las palabras con la vida de manera tan intensa que una señora ajena al grupo se nos desmayó y todo.


Esa noche dormí sin desprenderme de la sonrisa.

El miércoles seguía en Zaragoza, donde en el IES Félix de Azara (vaya nombre bonito) me esperaba  delante de un escenario hecho de papel y mucho cariño, el alumnado de segundo de E.S.O. y todos los cuartos. ¿Sabes?, cada día me gusta más trabajar con estos grupos. Se les abre tanto la expresión, tienen tantas ganas de reír que cuando lo hacen, te enseñan el alma (y la glotis, y la tráquea, y hasta si llevan calcetines o no). ¡Qué bien lo pasé! ¡Qué bien lo pasamos! Dos profesoras del departamento se han empeñado en darle vida a la Biblioteca, y ahí andan, generando flujos y placeres entorno a ese objeto tan mal encarado a veces por el propio sistema educativo, como es el libro, y ese verbo tan difícil a ratitos que es leer. Y es que estas leyes de educación le dan muy mala fama a esa bella acción (casi revolucionaria) que es la lectura. Leer que es imaginar, escuchar, abandonarse, emocionarse, preguntar, mirar, parar, sentir, ganas de decir, crear, escucharse y crecer...

El miércoles por la noche se llenó con más de 40 personas el Pequeño Teatro de los Libros, esa librería donde dos personas que ya perdieron hace tiempo su aspecto de cuerdas, siguen peleando por enseñar libros antes de venderlos. Libros ilustrados. Libros de esos que tanto amo, de los que casi cada semana hablo en Bibliotecadeloselefantes.com y que cada vez que voy no puedo evitar pellizcar dos o diez. 

Con FUEGO ardió la librería y algunos interiores de las personas que allí estaban. Entre risas, silencios y tensiones emocionales se nos pasó la noche.

Ya ves. Zaragoza y alrededores está llena de maestras, y profesoras y libreros que andan con la locura de hacer de la lectura, de la palabra escrita, un eje en torno al cual rote el cotidiano, la educación, las materias, el ritmo, el mundo y la vida. Me encanta estar rodeado de personas locas, perdidas en un mundo digital, tratando de detener un instante para respirar, reír, llorar, escuchar, mirar. Luchando contra viento y marea, viento del cierzo y marea a veces institucional. Así no hay quien recupere la cordura. Aunque la cordura suena a cuerda y por eso ata. Soltémonos, cambiemos cuerdas por buenos libros, largas conversaciones, ratos de absoluta contemplación. Vivamos diferentes. Sintámonos vivos.

Era tan grande el gozo que me tocó doblarlo para meterlo en el maletero del coche y marchar hacia Pamplona, en la mañana gélida del jueves catorce. Allí, en el Palacio de Condestable, me esperaban de nuevo chavales de tercero y cuarto de E.S.O. Disfrutamos de la palabra dicha en una sala preciosa, mientras un catarro trataba de conquistar mis adentros.

Por la noche, en otro espacio genial del mismo Palacio, sonó PESPUNTES, llenando el patio hasta arriba, y a las personas que vinieron hasta adentro. 
Que alguien del norte te diga "he estado a punto de llorar" en un día en el que media península andaba tiritando, es todo un elogio.
Más tarde, pinchos y cervezas hasta que alguien dijo basta (que, como imaginas, no fui yo).

Al día siguiente, viajé acompañado por Carles García y su moza, aunque ellos iban 175 kms. delante de mí, pero se viaja distinto. La tarde madrileña me ofrecía un montón de posibilidades, pero uno no le puede tirar a todo, así que me quedé con una tarde ocioso-laboral con Samuel Alonso y la visita a la inauguración del nuevo espacio de Kalandraka en la capital. Allí, una exposición con libros de amigos y también muchos abrazos y alegrías con Antonio Rubio, Federico Martín, Emilio Urberuaga, Pedro Mañas, Rodorín, Rafa Ordóñez, Ana recién llegada del Sahara con el Bubisher, y David y Belén, mis kalandrakos favoritos.

Para rematar, el sábado tuve un par de encuentros con propuestas interesantes de las que ya os hablaré y por la noche me fui a Las Ventas de Retamosa con PESPUNTES, un espectáculo que me tiene enamorado.

El viaje de vuelta, acompañado por la luna casi casi llena fue el penúltimo colofón. La madrugada me acompañó en el último, abrazo justo antes de dormir ya en casa.

Aún hoy resuenan dentro de mí tantas cosas de esta semana que no puedo evitar seguir sonriendo. 

Por si acaso, enlazo aquí otros puntos de vista de lo que en esa semana aconteció, que tengo fama de cuentista y hay gente que se queda con aquella vieja acepción.


Del CEIP Parque Europa de UTEBO 

¡Qué bien lo he pasado!
Mil gracias a todos.


La Biblioteca Pública de Zuera, a 25 kilómetros de Zaragoza, siempre queda cerca.

Ir a contar a Zuera es saber que te vas a encontrar con un público con ganas, con muchas ganas de escuchar, aunque, como no caben todos, se tengan que sentar en sillitas infantiles, o en el mismo suelo.

El pasado jueves y viernes anduve por los reinos de Chus Juste, su bibliotecaria, el motor de ese barco que con ilusión, esmero, innovación (más que reciclaje), trabajo, trabajo, trabajo, universalidad y buen humor, sea un lugar donde caben no todos, sino más.

El jueves conté (o contuve, ya no sé cómo es correcto) a las 18.00 para público familiar y pudimos disfrutar de cuentos con y sin libro, con y sin gesto, con y sin texto. Un rato majo. Luego, por la noche, FUEGO, ese espectáculo que a uno le hace hervir a veces de risa, a veces de emoción (me pasa a mí y me lo sé, así que...). Entre el público, gente conocida, unos como "escuchadores de cuentos", otros en sus libros, sus dibujos, en las inquietudes, las cervezas... Es increíble cómo este trabajo de viento ofrece la oportunidad de crear lazos entre las personas. Lazos de viento que sa menudo se materializan en abrazos con ganas. Lo pasé bien. Lo pasamos bien.




El viernes, narré (o quizá sea narruve) en un salón del antiguo casino republicano al alumnado de secundaria. Algunos ya me habían escuchado hacía dos cursos, pero esta vez pudimos hablar más de tú a tú y creo que pudimos sorprendernos por la historia de un primer beso que después de vericuetos y anécdotas llegó para quedarse. Pasamos un rato divertido, unido a la voz, al humor, a los ojos abiertos y a la emoción. Madre qué risas.

Después de cada una de las sesiones con 4º de ESO y 1º de Bachillerato, hubo una ronda de preguntas, sobre el oficio, sobre los orígenes de las historias, sobre el método de aprendizaje, el tiempo de preparación, sobre las razones por las que me dedico a esto. Preguntas de cocina que me pillaron sin delantal, pero para las que no me preocupó mancharme.


Pasuve (o quizá sea pasé) dos horas largas entregado al disfrute, para acabar con una entrevista para la emisora de la ser zufariense y comiendo con tres grandes. Chus, la enorme bibliotecaria, Elisa Arguilé, la grande de los lápices y Cristina Verbena, la grande de la voz. Una comida que tuvo la sinfonía de nuestras risas, porque fue un no parar, hablando de proyectos y también de la actualidad con sus perros, sus agujeros y sus sombreros.


Placer tras placer, vaya. Regalo tras regalo.

Ojalá sea pronto, respondía yo siempre a todo quien me dijo que volviera. 
Ojalá sea pronto, sí.

De camino a casa, paré en Santa Eulalia -ter-, donde la asociación de mujeres había organizado una cena con 83 damas que escucharon también entre risas y asombros mis historias. Un placer que sumaba.

En el viaje de vuelta vi caer cinco estrellas fugaces, una de ellas verde, delante de mis narices. 

En casa parecía que me hubiera traído el cierzo querido de la capital aragonesa, pero me dio igual estar despeinado.

Un hombre feliz, si despeinado, parece más feliz.

Y este fin de semana, tres actuaciones, tres provincias, tres espectáculos.


PESPUNTES; QUIMBAMBAS Y LAS CUATRO ESQUINAS

Para el público adulto de MASSAMAGRELL -vlc, ALICANTE -alc-, y SONSECA -tol-.


P E S P U N T E S
MASSAMAGRELL -vlc-     29 de noviembre. Jueves, 20.00 h. CENTRE CULTURAL, Psg Rei En Jaume, 4€ 




Q U I M B A M B A S
 ALICANTE -alc-        30 de noviembre. Viernes, 23.59 h. CLAN CABARET, Capitán Segarra 16. entrada 5€





L A S  C U A T R O  E S Q U I N A S
SONSECA -tld-    1 de diciembre. Sábado, 21.00 h. TEATRO CERVANTES, Calle de Orgaz, 3. entrada 5/7€


HABLIBRO


Ayer se inauguró HABLIBRO en Elda. Una exposición sencilla de doce títulos seleccionados. Doce álbumes especiales por, siempre, más de un aspecto. Elegir doce títulos entre todos los que me tienen enamorado, fue más que complicado, pero la exposición nace con la intención de, más adelante, hacer otro HABLIBRO con doce más.

¿Y qué sentido tiene exponer doce títulos de los que no soy ni siquiera autor?  Exponer los libros que a uno le enamoran es, de alguna manera, exponer unas puertas de acceso a los mundos que uno pasea, es la invitación a explorar, de manera pausada, los universos que cada libro guarda. Es un diálogo de tú a tú. Incitar al encuentro de uno mismo a través de cada uno de los libros. Hacer la selección es desgranar, priorizar, releer, volver disfrutar, rebuscar, repasar con la excusa... y eso ya merece la pena. Al margen, remueve e ilusiona, y eso también merece la pena.

H A B L I B R O  tiene cuatro miradas. 

Una la de la exposición. Los doce libros están expuestos como obras de arte que son. Arte en la literatura que guardan, en la propuesta subjetiva que procuran. Arte en la ilustración, en ese trabajo minucioso y exacto, evocador. Arte en la edición, el tamaño, el material, el tacto, la encuadernación, la tipografía... Arte que desborda por donde lo quieras mirar.

Dos, la de la lectura. Los doce libros expuestos, están también repartidos en unos atriles, para que la persona que lo desee pueda ojearlos, leerlos, detenerse, tocarlos, mirarlos, mover sus hojas atrás, adelante... Si no existiera esta posibilidad ¿qué sentido tendría la exposición? Los libros son como los bosques, desde fuera solo son bonitos, desde dentro son inmensos y nosotros sentimos que formamos parte de ellos.

Tres, la de la palabra. A lo largo de todo el mes que dura la exposición, hay tres encuentros. Tres encuentros para compartir quienes quieran lo que sorprende de cada libro, los caminos que hemos recorrido con ellos, lo que nos han sugerido, las dudas y luces que nos han desvelado, aquello que nos ha removido, los por qué que conocemos o que nos han descubierto. Así, haremos el universo de cada uno de los libros más grande, más intenso, con más recorridos, con más miradas distintas... Tres encuentros sin prisa, con el ritmo que cada uno de los libros va marcando. Así da gusto, ¿no crees?

Cuatro, la de la adquisición. Son libros que no son novedades, por lo que, en muchas ocasiones quedan lejos del circuito comercial de nuestras librerías. Por eso, los doce títulos están accesibles para su compra. Si me enamora, me lo llevo, para mí, para quien yo quiero, para compartirlo, para invitar, para provocar más sueños, otras palabras, otras miradas, otras lecturas...

Doce títulos expuestos a la admiración, a la lectura, al intercambio, a la adquisición. Doce oportunidades únicas para seguir creciendo, soñando, leyendo. Tres ocasiones para no hacerlo solo. Eso es HABLIBRO.

Ayer lo inauguramos en Elda, en Espacio Bohemia, Avda. José Martinez González 82. Allí están doce libros con el alma de par en par. Acércate si quieres. No te defraudarán. Ayer, entre semana santa y fútbo, no pasamos de los quince, pero fue más que suficiente para que mereciera la pena, claro. 
Si quieres, nos volvemos a juntar el diecisiete de abril y el dos de mayo, a las 20.30, en el Espacio Bohemia.

Y si crees que esta exposición tiene cabida en un lugar que tú conoces... No lo dudes, haz la propuesta y lo estudiamos.

Seguimos disfrutando.



Pradell de la Teixeta es un pueblo catalán que queda cerquita del Ebro y cerquita del mar. Está rodeado de montañas frondosas y majestuosas que con las laderas y barrancos forman un paisaje sin par. Bello.

A principios de este mes que acaba tuve el placer de viajar desde Madrid hasta este pueblecito noreste peninsular, recorriendo parte de Aragón y, desde un poquito más allá de Lleida, bordear bastantes kilómetros del Ebro y llegar a Pradell. Y ¿para qué? Para contar, claro.

Este municipio es uno de los cuatro que participan del Festival de Narración En Veu Alta (En voz Alta). De hecho cuando llego, el festival hace un día que arrancó con cuentos y charlas. Las siglas del festival forman EVA y quizá por eso, vete a saber, el pueblo está lleno, llenetico de manzanas. Manzanas en cajas formando centros frutoflorales, colgando en ristras desde los balcones, pinchadas en cañas... En las casas particulares, los comercios, el Ayuntamiento, las plazas, la puerta de la iglesia... todo el pueblo amanzanado y por eso no era nada extraño ver que niños y mayores, de vez en cuando le hincaban los felices dientes a esta jugosa fruta.

Conté en dos espacios. Uno en el pueblo, en un evento denominado A tres bandas, donde tres narradores (Ferrán Martín, Julio Manao y un servidor) en tres distintas plazas cuentan a lo largo de veinte minutos tres veces a un público que, cuando acaba la minisesión, cambian de espacio. Un lujo. A mí me tocó una plaza en el linde este del municipio desde la que se abría el paisaje hasta más allá del poder cubrirlo con una sola mirada.

El público genial, con muchas, muchas ganas. La mayoría adultos, que era para ellos, pero algún que otro chaval de mirada picarona tratando de coger el por qué de las risas adultas y algún que otro niño que reía por inercia mientras sonriente devoraba una manzana.

Después descanso, claro, y cena copiosa y común, en mesa corridas. Todos cerca de todos. Y por la noche sesión nocturna: Yayerías. El espacio era especial, de esos que al verlo sientes que hay muchas posibilidades de que vaya bien. La cova del rector es una cueva que queda a unos dos kilómetros del casco urbano. Dos kilómetros por camino de tierra, entre aromáticas y algún frutal despistado, zarzales y huertos. Un espacio no demasiado alto, profundo y cerrado. Lo que uno no imagina es que desde el pueblo se organizan dos grupos para llegar hasta la cueva a pie, en plena noche, iluminados por linternas, frontales y la propia noche. El público va llegando y la cueva se va llenando. Hasta los topes. Cada uno, al entrar, coge un cartoncillo para no notar la humedad de la tierra en las posaderas.


Aviso que Yayerías dura 100 min. La gente está dispuesta. Vienen con muchas ganas y eso facilita un montón el trabajo. Contar el cuento de los mellados que se desarrolla en un pueblo de 213 habitantes, para un pueblo que tiene 230 es algo que no me había pasado nunca pero parece que se cogen más matices, que se hila más fino. Antes del tercer cuento pregunto. Quieren seguir y acabamos, muchos con cansancio en el culo y las rodillas. La lástima es que sea de escuchar cuentos, aunque hay gente que me dice que ha gozado, que le ha encantado... y eso hace que tenga que salir de la cueva.


La noche tranquila y gozosa al lado de un campanario que se empeña en marcar el paso del tiempo a cada cuarto y por dos veces cada hora. 


Lo pasé tamn bien que por la mañan me quedo y participo en un evento popular a la salida de misa. Por escenario, las escaleras de la iglesia;como platea su iglesia; como público el pueblo; como narradores, también. Historias de todo tipo, familiares, tradicionales, dichos y sucedidos... Un lujo, vaya. Yo me animo y cuento mi cuento de la Hoguera de San Antonio, reivindicando el cuidado del entorno por la conexión emocional que tiene con un pueblo, con la historia, con sus gentes.


Regreso a casa, bordeando el mediterráneo, doblemente feliz.

No puedo sino agradecer al regidor de cultura, a los voluntarios y voluntarias, al pueblo entero y, a la organizadora del festival Jordina Biosca, haber disfrutado de esta experiencia en Pradell de la Teuxeta donde cuando uno llega, no se siente recién llegado sino uno más. Un lujo. Un pueblo para enseñarlo. Gracias.

Por lo demás... Nos leemos el lunes, con una perita. ¿Cuál? Ays... tendremos que esperar a que madure. Cada perita a su tiempo. Buen fin de semana.

P.D.: A finales de Octubre volveré a participar en el EVA, pero esta vez en Manresa. Chau.

Llego a casa dos días después de lo que tenía previsto. El martes, a las cinco de la tarde, debía haber tomado tierra en Alicante, donde tenía mi coche aparcado (espero que aún esté), dispuesto a llevarme raudo y veloz al festival de fin de curso de mi niño y disfrutarlo junto a su madre, porque no hay jet lag que pueda con la alegría de estar con los tuyos.

Pero las leyes que regulan el bello planeta que habitamos, son impredecibles y parece que últimamente están recordándonos quién manda aquí. Por suerte esta vez no fue ningún terremoto que se llevara por medio vidas humanas como en Lorca o Japón (me sigue dando rabia que la nuclear haya solapado la tragedia y a penas se hable de las pérdidas humanas que el tsunami ha producido, el humano, como siempre, a lo suyo...). Por suerte esta vez ha sido un volcán cuyas cenizas han provocado un caos circulatorio en el tráfico aéreo. A mí, al margen de todo, me parece asombroso que hoy día, un volcán, que parece de lo más antiguo en la tierra, mande al carajo todo y el humano se vea incapaz y, como siempre ha sido, deba aprender a esperar los tiempos que marca la naturaleza.

No educamos en la espera. Vivimos en el mundo de la prisa, la inmediatez. Cuanto más rápido mejor. Tenga el coste que tenga. Comemos tomates criados sin sol, sin viento y con las raíces sumergidas en gel nutriente. No saben a nada, pero tenemos tomates todo el año y crecen la mar de rápido. Seguimos construyendo el AVE en una sociedad que a duras pena araña dinero para comprar libros en las bibliotecas o pañales en los geriátricos.

Y luego llega un temblor, un volcán, una nube cargada de lluvia... y al carajo la prisa. El planeta no sabe qué es eso. Lleva millones de años dando vueltas como una peonza alrededor del sol, al ritmo que marca la música de ese inmenso espacio que cuando uno lo mira se siente pequeño, mínimo, casi ridículo, y a la vez afortunado por la belleza que le rodea.

Dos días más, sí. Aprovechados para descansar cuerpo y voz. Y para conocer Lima en ocho horas de la mano de César Villegas, Wayqui, a quien solo conocía por los foros de mi profesión y el facebook. De hecho, cuando bajé del avión me di cuenta de que no le había visto nunca. Él a mí sí, hace diez años, en Sevilla, contando con el que fue mi compañero de trabajo. A Waiqui y a mí nos bastó tener en común el oficio de la palabra dicha para sentirnos amigos desde el principio. Tuve la suerte además de elegir por internet dormir en Second house Perú: Un alojamiento único regentado por Liliana Delfín, hija de un artista (escultor de piedra, madera, metal, pintor...) referente del arte en Perú, e imagino que en el mundo. A partir de ahí la noche solo hubo que disfrutarla. Comí, bebí, reí, hablé, escuché, caminé, caminé y caminé y descubrí gracias a Wayqui y con los ojos abiertos, la noche limeña, sus calles, parte de su historia, sus peculiaridades y sus algunas de sus miserias. Yo no creo saber devolver un regalo de tal guisa. Gracias Wayqui.

Llegar al hotel, pagar con soles siendo de noche, abrir la ventana de la habitación y quedarse dormido escuchando el respirar arrítmico del pacífico fue algo también inolvidable. En la mañana pude disfrutar con prisas las obras de arte que coman el alojamiento. Una casa abierta al mar. Liliana, con dedicación y amabilidad me contó y mostró más allá de lo que hubiera imaginado. Incluso el estudo de Víctor Delfin donde le conocí (sin foto, que yo soy muy tímido para esas cosas). Y su galería. Y enseguida el taxi, aún sobresaltado por ver tanto arte y trabajo juntos, tanto mensaje directo y tanto universo sumergido. Aquí tengo que volver, con tiempo para poder respirar despacio tanto tanto. Y no puedo volver solo, que tengo una deuda con Perú.

El viaje otro regalo. Una de las películas ha sido También la lluvia, rodada en Cochabamba, con Luís Tosar y... tengo mala memoria para los nombres. De ella me habían hablado (tienes que verla) hace tiempo, y también salió en la comida con las cooperantes de Petrel y Elda. (Isa y, y... tengo mala memoria para los nombres). No me importa haber llorado en dos ocasiones, ni haberme sobrecogido muchas más, al lado de una pasajera británica que, aunque se ha pasado el viaje dormida ataviada con un chubasquero (¿va a llover? le pregunté, pero no entendió mi humor), un tapaojos, cascos con música y un almohadón hinchable para el cuello, toallitas de mano, pastillas antijetlag (lo juro), pasta de dientes, dos cepillos de dientes (dos) mocasines, y una sonrisa interior, que no roncaba pero de vez en cuando soltaba algunas frases sueltas. Ahora sé que soñaba en inglés.

Además por la ventanilla de la inglesa me acompañaba una luna inmensa que iluminaba la noche y el atlántico. Es el segundo retorno de América que hago acompañado por la grande, la redonda, la llena.

¿Se puede pedir algo más?

Pues sí. Sigo teniendo cara de sospechosos y al bajar del avión un poli malo me ha llevado un cuartito y de mis respuestas le ha sorprendido tanto que tuviera un hijo siendo soltero como que pudiera venir de contar cuentos en la Feria de Bolivia. Me ha mirado el bolso y a los quince minutos se ha convertido en poli bueno y me ha soltado.

Y ahora estoy aquí, en casa, babeado y arañado por Lluna, mi perra, con ganas de que llegue la hora y recoger a mi niño del cole y esperar a su madre a comer, y bailar entonces al ritmo que marca la naturaleza de cada uno, cuando se junta con los que quiere. Sin prisa, y contento.

Inisisto ¿Se puede pedir algo más?

Esta noche contaré en la Tetería Las mil y una noches de de Petrel, a las 22.30 h. (3€ reservas en el 680653880),  y mañana en la Cafetería Garbí de Alicante (Calle Tucumán 6). (5€ con consumición)

Deberíamos escuchar más a la tierra, deberíamos escuchar más sus músicas, sus ritmos, sus maravillas... Quizá así no le haga falta gritar tanto...

Ya acabó la feria

El domingo pasado acabó la XII Feria del Libro de Santa Cruz. El deber, que es un periódico de aquí,dice que la visitaron más de 90.000 personas, contando incluso los niños y niñas (que también son personas, claro). Lo que no dice es cuántas de esas 90.000 personas son lectoras y han encontrado en la feria la satisfacción a su pasión, pero esto también es harina de otro costal. 

El caso es que la feria ha estado la mar de animada. A mí me ha dado tiempo a pasearme, a comprar algunos libros, pero sobre todo a hablar, mirar y escuchar. 

También he contado en el stand de la empresa que patrocinó mi visita: VIVA, una empresa de telefonía móvil que opera en latinoamérica. El stand era bonito. Se llamaba Había una vez y la verdad es que siempre estaba lleno de gente con ganas de escuchar, pero a veces no se podía. Resulta que simultáneamente a mis sesiones, se desarrollaban una decena de actividades más, dentro del mismo pabellón al que llamaban infantojuvenil (que a mí siempre me sonó a desgracia o a barbarie, pero es un chirrido cultural porque aquí suena bien), cada quien con su megafonía y sus quehaceres: bien cuentos, bien papiroflexia, bien educación medioambiental, bien magia, bien... lo que uno buenamente podía ir haciendo pues era francamente complicado trabajar. Pero claro, la gente tenía ganas y prestaba mucha atención (lo verde es por un foco, no es un efecto colateral de la concentración), así que con ganas uno acababa consiguiendo que el público se metiera en la historia, pero con un sobreesfuerzo importante por ambas partes. 

¿El resultado? Pues a mí también me cuesta creerlo, pero satisfactorio, y eso que me volví a cascar la voz. Aunque, como la tozudez no pesa, insistiré en que es una verdadera lástima que tanto esfuerzo, no solo por mi parte, sino por el resto de artistas que estaban trabajando, se vea deslucido por el continuo bullicio que llenaba el pabellón. Había ratos que incluso había música, y los del escenario central (los del periódico local) se empeñaban en demostrar la potencia máxima de sus aparatos de amplificación. Y eran buenos sus aparatos, sí.

¿Algo curioso? Sí: La cantidad de fotos que me he hecho con niños, niñas de muy diversas edades; grupos numerosos y no, de adolescentes que venían a hacerme entrevistas; madres y padres encantados de las historias que les había contado. 
Imagino que también tiene que ver el aspecto pintoresco de un gordito con barba español (mira que me cuesta aclarar que soy mediterráneo) que cuenta historias graciosas, o no tanto.

¿La suerte? Las personas que he conocido y aquellas con las que me he reencontrado. Todo un lujo. Todo un plantel de artistas que anda trabajando con muchísimas más ganas que apoyos, con muchísimo más entusiasmo que presupuesto. Así que cualquier conversación con cualquiera de ellas era toda una lección y una inyección. 
Las fotos son con Rober y Mónica, que trabajan para la Fundación Simón I Patiño y que me invitaron el domingo a compartir un piqué macho, plato típico de aquí y a beber frené (sin comentarios), Y con El grupo Libélula, peleón  y bandera del teatro infantil (Vanesa es la única que sale entera, el resto pereció por la habilidad de la persona que nos hizo la foto) con quienes también compartí una noche espléndida de comedia en el Chaplín. 

Reencontrarme con personas como Kathy o Alejandra y Javo, o Ariel, que fue fugaz pero gratificante, fue todo un regalo para los adentros. Saber que le va bien a quien quieres es una alegría, y saber que los quereres son mutuos y a pesar de los kilómetros y los días, siguen, otra más.

¿La sorpresa? Pues hubo varias, pero quizá la que más fue la coincidencia con Isa, de Petrel, que anda por aquí cooperando en un proyecto brutal que lleva Nicolás Castellanos. Muerto me quedo de lo pequeño que es el mundo y de cómo son estos caminos que vamos trazando. Una alegría poder compartir comida y risas.

¿La experiencia? Genial. Creo que es la primera vez que tengo el patrocinio de una empresa privada, por lo menos en este formato, y he de agradecer a Viva, la disolución de mis temores, por ejemplo  ese tan grande en el que el trabajo de uno queda por debajo de la marca. Han sido muy respetuosos no solo con mi trabajo, sino con el modo, y en todo momento estuvieron atentos a mis necesidades y sugerencias. Un privilegio. Con rápida capacidad de reacción y total libertad de acción. Como funcione la cobertura igual que el departamento de eventos, debe ser un lujo de compañía. Así que desde aquí, mi gratitud a Carol para que la extienda a todo el departamento y personas con las que he estado en contacto.

¿El cierre? Pues no pudo ser mejor. Una sesión para público adulto, en una sala donde se podía contar tranquilamente, incluso sin micro (a pesar de tener la voz de Pepe Isbert) Y conté, claro. A las más de sesenta personas que vinieron, la mayoría sabiendo a qué, y se dejaron llevar durante 75 minutos de la mano de las historias de mi abuelo y la fiesta de San Antonio, o el amor de mi tía Paca y sus abrazos cubanos, o mi versión de El árbol generoso (de Shel Silverstein), o varias historias más. Acabamos todos de pie, agradeciendo mutuamente el placer de la palabra dicha.

¿El viaje de retorno? Suspendido. Las cenizas de un precioso volcán han impedido que mi vuelo despegara. De aquí a un rato largo lo vuelvo a intentar, pero esta vez vía Lima, donde pasaré la noche de hoy y, si todo va bien (¿por qué no?), llegaré justo a tiempo para contar el jueves en la Tetería las mil y una noches de Petrel. mientras, pude disfrutar de mi pequeño placer boliviano: un jugo (como llaman aquí) de maracuyá y naranja, y una salteña "calientita"

Y, ¿en la retina?. En la retina me llevo la ironía de una feria que acaba el día en el que en este continente se denuncia el trabajo infantil, en una ciudad en la que he visto más niños en la calle que nunca: aparcando coches, vendiendo cualquier cosa, o echados sobre unos cartones tratando de soñar. Y eso es solo lo que se ve; ocultos en casas, talleres o minas, quedan los trabajos más duros, peligrosos y feroces. 

Ya lo he dicho, pero no me cansaré de repetirlo. El disfrute de la infancia no debería ser un derecho, sino una obligación.

Ojalá que esta sociedad descorazonada, no les pueda arrebatar los sueños tan fácilmente como les arrebata la época del juego, la risa y la canción, aunque duerman sobre camas tan delgadas como un cartón.

MEMENTO MORI

Por algún lado tengo que empezar así que lo haré por lo que más nerviosito me ha puesto esta seamana, aunque vaya semanita.

MEMENTO MORI es el nombre de mi última sesión. La estrené en Cuenca el mayo pasado y gustó. El pasado jueves también la conté en el Teatro Principal de Monóvar ante cerca de doscientas personas y gustó también. Me han llegado mailes de felicitación, que aún no he tenido ni tiempo de contestar (disculpas por ello). 
La verdad es que fue un lujo contar en el teatro ante un público como el de Monóvar. Se lo debo a Alicia, su bibliotecaria. 

Cada día me gusta más contar historias para público adulto. Crear silencios, buscar lo caótico de nuestro cotidiano, agradecer el lado divertido del caos, aprovechar aquello que nos une para hacerlo más evidente y así sentirnos uno.

En las sesiones de adultos se sintoniza a nivel emocional más que a otro nivel. Sin darnos cuenta vamos uniendo nuestros sentires con los de la persona de al lado, por poco que lo conozcamos, y reímos a la vez y cuando andamos tratando de que no se nos note un respirar entrecortado o el vértigo que nos produce algún abismo al que nos ha llevado la historia, nos damos cuenta de que la persona que antes reía está anudada por la misma cuerda que une ambos estómagos, que recorre el patio anudándonos a todos para luego liberarnos a la vez.

En esta sesión además, por lo que trata, por cómo lo trata, provoca quizá más sentimiento de grupo, porque las ganas de vivir son comunes y están por encima del instinto de supervivencia.

Tres historias dan cuerpo a Memento Mori. Todo empieza cuando llego a un tanatorio y se va la luz. La oscuridad, la tensión y lo vivido me hace pasear la voz eligiendo las palabras que dan forma a cada historia. Las tres, sin duda, son historias de amor, con toda su diversidad. Y en las tres la muerte aparece de distinta manera. En la primera a un lado, en la segunda baila con ella, en la tercera nos da de lleno.

Tres historias que nos llevan, que nos traen, a momentos vividos, a recuerdos, a seres que ya no están. Claro, de la mano del delirio, de lo absurdo, de lo kafkiano, de lo lógico...

Tres historias que han macerado, desde lo vivido en una de ellas mucho, en las otras también, desde lo pensado, deseado, temido, soñado. Tres historias que me han acompañado en estos dos últimos años desde que fueron una idea hasta que fueron tomando el cuerpo que ahora comienza a crecer sin fin, proceso por el que pasan pro suerte, todas mis historias.

En fin, MEMENTO MORI, descansará ahora hasta el año que viene, hasta la siguiente temporada, mientras seguimos trabajando, puliendo, reflexionando y, cómo no, creando: para eso hemos venido.

Gracias a las personas que me acompañaron en Cuenca (que me pongo de los nervios)
Gracias a las personas que me acompañaron en Monóvar (que también).

Contar en el teatro requiere de otro lenguaje, una adaptación mínima para aprovechar las puertas que el espacio escénico posee pro naturaleza. Así que me voy animando y en esta ocasión a las palabras les acompañaban de fondo una escenografía con luz que se apagaba y una maleta llena de zapatos usados, marcados por los pies vivos de alguien, por sus andares. También hubo luces. Un diseño con catorce escenas que susurraban a mis palabras un contexto más limitado, más matizado. El trabajo de diseño lo hizo todo un profesional y amigo de varias cuerdas: Ciru cerdeiriña (va por usted, mestre)

A toda persona que entraba le esperaba un "flyer" que es la octavilla, el folleto de toda la vida, pero ahora lo llaman así porque parece más moderno. Cristina Temprano hizo la ilustración de la portada del libro, que es el cartel y el marcapáginas. Un lujo. Le falta la parte de atrás pero esa ya tienes que venir a ver la sesión para concocerla.

Entre el público gente querida, muy querida y también única, como mi niño que decidió dormir para no escuchar el ronroneo de la muerte, y su madre, asesora de escena, vestuario y dirección. Todo un equipazo, vamos.

Y poco más. Salí del teatro más grande de lo que llegué (y este año ando creciendo a espuertas) así que, para qué más.

El año que viene será el año de Memento, y de Las cuatro esquinas, y de Zafa, y de Fuego y poco a poco yayerías irá apagando su voz. Mi cabeza no da para tanto.

Por suerte de memento ya salió el libro, que se forzó la máquina para que llegara al Teatro y llegó, de gala. catorce historias, que bailan con el son rítmico de la respiración profunda de la muerte. catorce historias para leer despacito.

Ya sabes, si tienes problemas para encontrarlo, yo te lo mando.

Y, embarco ya, (con tres horas de retraso) para Argel, sin maleta de ropa, que alguien de Iberia decidió que se quedara en Alicante, con una maleta que pesa 13 kg. de libros y exceso de peso en la ilusión y las ganas.

Ya os contaré desde allí si puedo, y si no al volver, del Bubisher y lo que me he ido dejando.

¡Salud!


Cerquita de Tarancón, a unos quince kilómetros, pasando por Tribaldos, está Uclés, un pueblo que fue la mar de importante según reza la wikipedia y en el que se realizaron un sin fin de tropelías. Es lo que tiene la importancia. Por suerte ahora es un municipio tranquilo en el que uno puede pasear pausadamente mientras relaja el alma y los pulmones. Posee algo más de 200 habitantes y una bibliotecaria que es capaz de convocar a un cuarto de la población para que vengan a la biblioteca a escuchar cuentos en el día en el que España se juega el paso a semifinales con Paraguay y en el impresionante monasterio que corona el pueblo, se celebra una boda de gente requetebienvestida (del bienvestido ese de las bodas).

Es mi segunda vez en este municipio. La primera, hace no mucho tiempo, vine a contar para niños y ya puse nerviosa a Teresa. Esta vez no va a ser menos. Llego con tiempo, después de pasearme por una Mancha dudosa entre el sol y la lluvia. Paseo por el camino que va hasta Paredes, una aldea cercana. Y por las dos riberas que ponen límite al cauce del Bedija, un arroYo que ahora, según me cuentan, baja con agua como hace tiempo no veían. Es cierto, agua fresca y clara corre río abajo, y en la calma del medio día, una culebra, me acompaña sobre el agua. Sobre el agua ella, yo pro la ribera sombreada por las ramas nuevas de álamos y chopos. Un lujo, vaya. Mientras el sol sigue dorando el cereal que las máquinas no han segado aún en los campos salpicados de amapolas. Un lujo a la vista, insisto.

La sesión se realiza en la Biblioteca. Un espacio amplio dotado de una selección de títulos exquisita. Un grupo de gente llega puntual, el resto va goteando hasta que comenzamos, un cuarto de hora después de lo previsto. Nadie en las calles. Hace calor. Dentro de la biblio, los cuentos arrancan con ganas. Traigo ganas de contar, trae el público ganas de escuchar, tiene Teresa ganas de que ambos sintonicemos y lo hacemos desde el principio. Parte de Yayerías arranca con fuerza y pilla al público desprevenido. Hay personas que abren la boca para soltar la primera carcajada ya no la cierran hasta que setenta y cinco minutos después agradezco el rato que hemos pasado. Y lo hemos pasado bueno. Vaya que sí.

Una mujer me dijo: que dios te de larga vida para que sigas alegrando así los corazones.

Y así me volví, no cabiendo en el coche, sonriendo y con ganas de volver a Uclés. La próxima vez iré con más tiempo aún y visitaré la Fuente redonda y daré una vuelta por Paredes y...

Soñar es dar vida a las historias que aún no se han contado y tardes como la de Uclés es soñar, en grupo, todos juntos. Eso es un regalo.

A lo lejos, lo que más se ve y conoce de Uclés es el monasterio. Bello, sí, pero no lo más. dentro, cerca, quedan sus gentes.

Mota tiene algo mágico. Qué se yo. No sabría explicar, pero uno se siente bien aquí. 

Yo estuve la semana pasada. Desde el lunes 14, al jueves 17. Con un taller de cinco horas. Madre. Cinco horas. He dicho uno, pero en realidad fueron dos. Con dos grupos majísimos. Y con una sola intención, compartir el sábado 26 el maratón de Mota del Cuervo.

Así que ahí estuvimos, a una velocidad vertiginosa, hablando de qué es eso de contar, por dónde empezar, qué contar, qué caminos hay para hacerlo...

Paseamos por algún cuento, en las sillas ,en el suelo, pintamos, jugamos con la voz a gritarnos sin poder dejar de sonreír...

Y así se nos fueron los cuatro días, entre palabras, libros, imágenes, y voces de bruja y enanito, y buscando inquilinos, y mirándonos para hablarnos de algo del pasado, y riendo. Madre.

Y al final, con diploma y todo. Un lujo. Yo lo pasé a lo grande, claro. Siempre lo intento y con gente maja, se da. Pero uno se queda con la sensación de haberse dejado algo importante. Siempre. En fin.

No puedo dejar de nombrar a Ali, Ana, y Amparo, tres aes geniales que vinieron desde Cuenca a "repasar" el curso. Gracias.

Lo he pasado genial. Este sábado, 26, volveré para contar y disfrutar de escuchar historias en el Maratón de cuentos.

¿Te animas?

Tienes información aquí.

A veces lo cuento pero la gente no se lo acaba de creer. Yo hice mi primaria en Alcalá de Henares. Allá llegué pequeñín y me marché siendo niño aún luciendo un bigote orientalmente lacio y grisáceo que ocupaba mi labio superior. En esa ciudad preciosa de conventos y cuarteles, desarrollé mi infancia de juego en la calle y mi imaginación en mi habitación. Allí aún guardo rincones y secretos, en ese río ancho de juncos y chopos, en esas calles antiguas hoy menos ruidosas de coches y más de gente que pasea y habla. Ese Cervantes presente, esa casa de Cardenal Cisneros donde aprendí solfeo y música, esas calles asoportaladas y esos puestos de castañas.  Militares y monjas que ya me daban casi el mismo repelús. Aún quedan.


A esa ciudad le debo mucho de lo que soy, no por la ciudad en sí, pero sí por el entorno que me acompañó en esos mis años de niñez, feliz, cómo no, que aunque entonces no lo defendía tanto, ya era mediterráneo.

A esa ciudad me llevan los Légolas, a su festival de Alcalá Cuenta, suyo de Légolas, suyo de Alcalá. Y ellos, Carmen y Manuel, como todo lo que hacen, lo hacen genial y para este año han conseguido un espacio algo más que especial: el Teatro Cervantes. Un teatro con una capacidad que ronda las 400 localidades, pero que sacan a la venta algo más de 350, suficiente para llenar su parte de abajo y su parte de arriba y sus palcos.

Para esta ocasión decido contar Las Cuatro Esquinas, una sesión de tres cuentos que se desarrollan en algo más de 100 minutos, 120 para ser exactos. El primer cuento de esta sesión se desarrolla precisamente en Alcalá, en el colegio al que fui, en parte de la infancia que viví. Y eso hace de este momento un hecho único tan delicado como especial para mí. Encima, se cuenta en un teatro, un escenario que yo no domino por la falta de frecuencia y que suelo reivindicar siempre que puedo. Los teatros también son para los cuentos. Me parecen un marco ideal también para escuchar historias, para poder disfrutar de la palabra dicha, de la voz, de los gestos, de la esencia de la comunicación humana, sin atrezzo, sin decorados, más allá de una silla por si me da un vahído, una frasca preciosa de agua para las resequedades y una mesa, porque la frasca en la mano... a la larga incomoda.

Los nervios se alargan ya desde tres semanas atrás, quién sabe si por la primavera, quién sabe si por el cúmulo de eventos poco frecuentes (comienza la temporada de Zafa, en el Duende de Valencia, mi álbum sale a principios de abril, estreno la sesión en Cuenca el uno de mayo...) pero nervios tengo para regalar. 

Como es una ocasión especial y el espacio es precioso, me decido a grabarla y me llevo cinco cámaras, coordinadas por Dani Borrón, profesional de la realización audiovisual también y él las distribuye por el espacio, tres con trípode al escenario, una desde el escenario hacia el público y otra que va grabando la escucha y el disfrute. También los dos silencios que posee esta sesión. Densos e intensos como el resto.

Por correo, por el móvil, por el face, llegan ánimos de gente cercana más y menos conocida. Llegan abrazos que relajan, palabras que serenan y letras que reposan e incitan al disfrute. Estar rodeado también de gente a la que quiero, también ayuda y mucho, especialmente estar acompañado de quien siempre me acompaña.

A mí me gusta ver entrar a la gente al espacio donde se va a dar la palabra, me gusta escuchar, mirar, eso me va posicionando. En el teatro eso no lo tienes. Estás solo detrás de una tela que te separa del todo y más que tela parece pared, muro insalvable, pero no. Suenan los avisos, din, don, y al tercero, señores, señoras, la función va a comenzar; se apagan las luces, en el escenario queda dentro de un círculo iluminado una silla, la mesa enfundada de tela negra, una frasca de agua y un vaso, vacío como yo de nervios en el instante en el que salgo a escena. No salgo solo, salgo con todo, con todos.


Fue una sesión intensa, relajadas las tres historias brotan y corren patio de butacas abajo. Al fondo una mujer ríe y ríe y su risa aroma la sala por encima de las demás risas. Su silencio se mezcla con el resto, que se hace fuerte y parece poderse tocar en las dos ocasiones en las que se produce, en los últimos minutos de la primera y tercera historia. Así es esta sesión, Las cuatro esquinas se maneja entre la risa delirante, la línea voraz y, a veces feroz, de un humor intencionadamente repleto de puertas a la ironía, al sarcasmo, a la evocación, a la denuncia, a la reflexión, sin que esto moleste, sin partidismos ni panfletos, sin aleccionamientos. Solo faltaba. Eso no va conmigo. La palabra libre llena las historias y cada quien dibuja sus propios escenarios, sus propios vestuarios, con seguridad muy distintos a los míos, pero coincidimos en algo, estamos juntos en algo: en la emoción, riendo, imaginando, sorprendiendo, asustándonos, y haciendo manifiesto el silencio. Estamos juntos porque en ese momento somos juntos. Contar es un acto de grupo, hace sociedad. Nos emociona lo mismo a pesar de ser distintos y eso hace que nos sintamos bien, nos sintamos más, nos sintamos juntos.

Dos horas, dale que te pego y al final un aplauso que, como siempre, dudo merecer. En este caso no es distinto. Los aplausos siempre me hacen pequeño, no sé dónde meterme, aquí lo tengo claro, y justo al desaparecer el escenario se ilumina y se acaba. Abrazos, fotos, palabras y emociones. En el público personas de Salamanca, de Alicante, de Madrid, de Azuqueca, de Guadalajara, de Loeches, de Alcorcón, de... Un placer. Un placer. Un verdadero y sincero placer.

En soledad, mientras me cambio de camisa en el camerino, la calma me llena, y degusto otros placeres como este: mi amada Cuenca, Segovia, Gijón, Las Rozas, Agüimes, Guadalajara, Monóvar, Barajas de Melo, Pantoja, Elda, La Paz, Mérida, Zacatecas, Barquisimeto... por sus sesiones y por la gente que ya quiero en esos lugares que de alguna manera siento míos también, me siento de ellos; y mientras las ciudades siguen nombrándose, viene desde mis adentros mi niño, claro, y su madre, y, quizá por estar en la ciudad donde estoy, mis padres y a ellos le dedico, casi sin decidirlo, este muybienestar.

Luego cervezas y risas y más abrazos y más, pero no pudo ser con todo el público, aunque me hubiera encantado. 

Al día siguiente no pude evitar madrugar y pasearme solo por mi calle, y por mi colegio tan cambiado, y por el río de mis reflexiones infantiles, que parece que baje el mismo agua, que como nunca hube de beber, siempre dejé correr. Y más tarde una sesión familiar, más recoleta, pero igual de intensa, en otro escenario, distinto, y ya mucho más relajado. Disfrutando también, claro. Y el día siguió con más amigos y más comida, y cerveza, aunque ya no tanta.

Así que solo me queda agradecer, a todas las personas que fueron, a las que no pudieron ir, a las que estuvieron temprano sin ir, a Ángeles por poder compartir y estar ahí, y a los Légolas, claro, por ser de los mejores anfitriones que conozco, porque no se les nota nada que son de interior, por que lo suyo no son atenciones, son mimos y abrazos.

Ahora solo queda montar el video, que Dani ya está a ello, y tratar de encontrar un hueco en algún otro teatro. Sería bueno para mí. Sería bueno para mi oficio. Sería bueno.

Y seguir disfrutando, claro.

Esta vida es una fiesta, un baile.

¿Bailas?

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