Contar en Pantoja


Pantoja queda lejos, pero no tanto como para no alegrarse cuando uno va.

Ayer estuve y fue un goce tan grande como las dos últimas veces. No es que las anteriores no fueran gozosas. Simplemente, mi memoria no da para más.


Antes de llegar pasé por Alameda de la Sagra, a saludar a su bibliotecario, Vicente que me recibió con alegría y sorpresa a la par. 

Y de allí, siete kilómetros más y llegué a Pantoja, pasando al entrar por esa nave en ruinas que albergó una fábrica de harinas según me cuentan y que es una lástima saber que acabará en el suelo.


La biblioteca municipal está gobernada por dos capitanas: Eva y Tania. Y bien gobernada está (cualquiera), solo echando una mirada por el fondo de álbumes ilustrados uno ve que ahí hay criterio, y esfuerzo, y ganas, y un proyecto. Un proyecto al que le quedan pequeñas las dos plantas de biblioteca y las nuevas estanterías que acaban de llegar. Un proyecto que provoca que tan sólo en lo que queda de mes haya diez actividades, es decir, una cada día, involucrando en ellas a todo el grueso poblacional: infancia, preadolescencia, adolescencia y juventud y público adulto. Donde, a parte de la actuación de profesionales, el club de lectura se lanza a compartir historias de miedo con sus vecinos. ¿He dicho club de lectura? Sí, Club de lectura, muy numeroso con su blog y todo. 


Ayer volví, a contar mis historias, y pasamos un rato de más de una hora. Más, de largo. Con dos historias nada más, bueno cuatro, que éramos muchos y no puedo engañar, pero dos largas y las otras dos casi ni eran. Reímos, nos asustamos, nos quedamos en silencio, lloramos de la risa... disfrutamos todos los que éramos, y mira que éramos.

En fin, un lujo de público al que es fácil contar y por ello merecen buenas historias ya que no es usual ir por ahí descubriendo Ciudades Oreja y Pantoja es, a partir de hoy y para mí, una de ellas. Gracias a Eva, Tania y todos los contertulios y contertulias que ayer se dejaron seducir por la palabra.

La vuelta tranquila, en una noche oscura de otoño donde la radio se pierde en discursos confusos y músicas modernas. Aún así, me dio tiempo a darle forma a una nueva historia que me anda rondando.

7 comentarios:

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    On 20/10/09 16:40 Anónimo dijo...

    Es fácil tener orejas cuando las palabras son ingeniosas. Es fácil estar receptivo ante historias con imaginación que transcienden "la contada" para convertirse en seres independientes provistos de alma. Es fácil disfrutar cuando el verbo es claro, rotundo y cuativador. Todas esas cosas se conjugaron en el cuentacuentos que protagonizó el día 19 Félix Albo en Pantoja. Por ello, gracias, un verdadero placer escucharte una vez más. Sin duda la biblioteca de Pantoja la hacen un grupo de usuarios increíbles, realmente maravillosos, pero lo de anoche, reitero, fue un verdadero placer

     

    Venga, pues yo también reitero, anónimo, lo del placer que fue mutuo y lo de mi admiración por la biblioteca, su personal y las usuarias y usuarios que se implican en ella.

    Gracias.

    He borrado el primer comentario porque no era tal sino un mensaje publicitario de angelsanz.comercial@xxxxxxx.com vendiendo la posibilidad de insertar publicidad en mi blog.
    Evidentemente no era el lugar y ya se lo he comunicado.

     
    On 20/10/09 19:14 pilar dijo...

    Félix hijo, no paras...eso es bueno, no?? jajaj.

    Saludos!!

     

    Lo que nos dejan, Pilar. ¿Y tu blog? ¿Qué le pasó?

    Besos

     

    Muchas gracias por el buen rato que nos hicistes pasar ayer, aunque llegue tarde mereció la pena.

    Nos vemos a la próxima, seguro

     
    On 20/10/09 21:56 pilar dijo...

    Que yo sepa nada. Ahí sigue, lo que pasa es que hoy he estado trasteando.

     

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