LA GRAN CAJA

No me gusta publicar entradas en los dos blogs que mantengo, pero a veces, no lo puedo evitar, como hoy. El álbum del que hablo hoy en LA BIBLIOTECA DE LOS ELEFANTES , donde cada lunes comento alguno de los que me gustan, es de rabiosa actualidad así que allá va:


A. TONI MORRISON y SLADE MORRISON
I. GISELLE POTTER
T. RITA DA COSTA
E. Ediciones B, 2000

Ahora que muchos espacios mediáticos dedican tiempo a preguntar y/o debatir (con ese concepto de debate moderno que existe en las tertulias televisivas actuales (nada que ver con el de La Clave)) sobre la rebaja de la edad penal de los niños (porque con doce años me dirán lo que quieran, pero son niños de doce años), saco de mi estantería azul este libro tan duro, como actual, escrito por la primer afroamericana premio Nobel de Literatura que obtuvo su galardón en 1993 y su hermana, junto a una ilustradora que no se queda atrás en la calidad del trabajo. 

La Gran Caja es la historia de Patty, Mickey y Liza, tres menores y su relación con la sociedad. Las autoras nos describen en rima, el lugar donde viven. Una gran caja cuadrada donde tienen de todo: alformbras, cortinas, sillones como peras, columpios, toboganes, camas de madera... La gran caja cuadrada tiene grandes ventanas por donde el sol no entra nunca, y tiene una puerta tres veces cerrada y que solo se abre por fuera. Nos dice que sus padres vienen a verles los martes y siempre les llevan grandes regalos y pizzas, y chicles y legos y una tele a cuatro colores.

Un lugar donde tienen todo lo que desean, con un cuadro del cielo como es de día, una mariposa que no puede volar y un acuario con peces de plástico.

A partir de aquí, el libro se va desgranando contándonos por qué han llegado a esa situación repitiendo una frase que a cada página suena más hondo: ¡ellos no saben usar su libertad!

Tanto Patty, como Mickey, como Liza Sue, son niños que poseen un comportamiento normal para su edad, tratando de pasárselo bien, pero que no encaja con las normas que son de uso común y público en el mundo adulto, por eso, lo dice en cada uno de los casos, como las reglas ya se saben no es preciso repetirlas. Y, los adultos que les rodean, siempre queriendo lo mejor para ellos (los menores), sea la escuela a la primera, el vecindario urbano al segundo, o el vecindario rural a la tercera, llegan a la conclusión de que los niños no hacen un buen uso de su libertad. Por ello, para su bien (¿el de los menores?), los van encerrando en la gran caja, sin escuchar, se deduce, las palabras que tras la sentencia social, cada menor dice. 

Los tres hacen alusión a las cosas que hacen bien ateniéndose a las normas que por los adultos les son impuestas: higiene, rendimiento, educación, responsabilidades... Los tres se hacen preguntas como ¿por qué no puedo seguir siendo lo que soy, un chico que disfruta de su libertad? 

Hacen alusión también a animales que chillan, que corren, que saltan, como los gorriones, las liebres, los castores, los búhos, las focas, los cuervos... De hecho Liza Sue plantea que aunque a ella la encierren porque les molesta su libertad, los animales seguirán con sus ruidos, sus correteos, sus brincos...

Dentro de la caja, sus padres, cada martes les llenan de regalos que a todos nos suenan, como unas Nike, una bolsa de Cheetos, un top de las Spice, una pelota firmada de la NBA... Y otros regalos que, por la historia, resulta duro leer, como un disco en el que chillaba una gaviota de verdad, un bote de cristal con tierra de verdad o una cámara que proyectaba un arroyo ondulante y de aguas muy claras. 

Suerte, para el que lee, que se encuentra en los tres una misma frase... si he de vivir mi libertad a vuestra manera, entonces no seré libre ni dentro ni fuera.

Un libro que en su comienzo ya tensa al lector, y cada página, cada párrafo, le da dos vueltas más. Un libro lleno de detalles en sus ilustraciones. Un libro que merece la pena leer más de una vez. 

Y uno, tras la lectura acaba con una pregunta ¿será fácil ser niño en una sociedad como la nuestra? Si en las urbanizaciones no se puede jugar a la pelota, en las escuelas no se canta ni se corre, en las calles no se juega, en la tele no hay referentes buenos, no se le dedica tiempo a personas ilustres, cultas, coherentes, sólo a los grandes triunfadores de cada semana, si un futbolista gana más que el dinero invertido en el Prado, el Reina Sofía y la Biblioteca Nacional juntas, si hay leyes hasta para poner una toalla en una playa... ¿será fácil ejercer de niño y hacerse una idea de qué es lo que uno quiere ser en el mundo de adulto? ¿será fácil entender, incluso con los ojos lógicos de un niño, esta sociedad?

Yo creo que no. Y creo que este libro me ayuda a reflexionar, que creo que es lo que hace falta. Éste, o El principito, o La escuela de los niños felices, o cualquier otro que nos de tiempo, que creo que eso es lo hace falta también, TIEMPO. Tiempo para estar con nuestros menores, escucharles, compartir con ellos el corretear de una liebre, el ir y venir de unas olas, o el vuelo cíclico de una gaviota y quién sabe si al final nos de por tararear una canción juntos o, incluso siendo más de las doce de la noche, gritarla a pleno pulmón para celebrar que estamos vivos y tenemos mucho por compartir en una vida que apenas vivimos juntos.

Feliz Lectura, mejor semana.

Me tienes en un brete -me espetaron el otro día. ¿Un brete? -dije asombrado y por respuesta obtuve risas.
En mi vida había oído esta palabra que me asombró aún más cuando pude comprobar, no solo que existía, sino que poseía múltiples definiciones de lo más variopintas.

brete1.

(Quizá del prov. bret, y este del a. al. ant. bret, tablacf. al. Brett).

1. m. Aprieto sin efugio o evasiva. Estar en un brete. Poner en un brete.

2. m. Cepo o prisión estrecha de hierro que se ponía a los reos en los pies para que no pudieran huir.

3. m. Arg. y Par. En estancias, estaciones ferroviarias y mataderos, pasadizo corto entre dos estacadas, con atajadizos en ambos extremos para enfilar el ganado.

4. m. C. Rica, Nic. y Ven. trabajo (‖ ocupación retribuida).

5. m. coloq. Cuba. Discusión acalorada entre dos o más personas.

6. m. Ur. Corral alambrado en forma de cuadrilátero, de unos 50 m2, que se comunica con otros de la misma especie formando un conjunto que se utiliza para clasificar y dividir los rebaños, cuando se trabaja con ellos.

7. m. p. us. calabozo1.



brete2.

(Cf. betel).

1. m. En la India, comida que los naturales hacen de una hoja que es de forma de corazón, grande como una mano y de olor, sabor y color de clavo. Junta con otras cosas, la mascan, echan fuera el primer zumo y tragan el resto.

En fin, qué grande es esta lengua y cuán desconocida para mí. 

Feliz semana.

Roald Dahl, Las brujas

Mira que me encanta Roald Dahl. Ando leyendo esta semana Las Brujas. Llevo justo la mitad, 115 de 230 páginas y me tiene más que enganchado. Ayer, tras llegar a casa muerto a las tres cincuenta de la madrugada, aún me senté delante de mi colacao y me dije un capítulo, un capítulo y me acuesto, pero no pude resistirme y me leí tres, porque en el que comencé, el protagonista, que aún no sé su nombre pero es un niño de siete años, quedó atrapado tras un biombo en plena convención nacional de las brujas de Inglaterra que traman un plan para exterminar a quien más detestan: los niños y las niñas. ¿Cómo podía irme yo a dormir sin saber cómo pretendían las malvadas acabar con la infancia inglesa? Pues eso me pasó, hasta que no me enteré del plan y de la receta del Ratonizador de acción retardada con el que pretenden convertir a los niños y niñas en ratones, no me acosté. Las cuatro y doce y decidiendo si leía otro para saber si el protagonista salía del biombo o no. Me acosté, por prudencia y con la ilusión de soñar con los posibles caminso del a historia. Pero no fue así.

La literatura de Dahl es magnífica y, tenemos la suerte de contar con un muy buen trabajo de traducción, en este caso de Maribel Dejuan. La mayoría de sus personajes pertenecen a esa infancia madura, niños reflexivos, aventureros, transgresores lógicos, justos, honrados y un xpoco héroes conforme la historia va avanzando. En este año quisiera leerme todos sus libros. Ya me espera en casa, imagino que para la semana que viene, Boys. Pero Las brujas, te mantiene ahì, pendiente de cómo va tejiendo los personajes, la historia,  cómo habla sin pudor de los miedos, con palabras e imágenes dantescas, incluso bruscas, pero que en el libro quedan amortiguadas por el entorno en el que desenvuelve los hechos o por alguno de los personajes, en este caso la abuela del protagonista, una noruega experimentada en brujas a las que les tiene tanto respeto como conocimiento. Así es Dahl, divertido, tenso, terrorífico, tierno, transmutable...

Y ahí ando, robándole tiempo al cotidiano para poder leer capítulo a capítulo. A partir de ahora entro en esa fase que me disgusta tanto como me atrae, que es pasar de la mitad del libro. Avanzar a partir de la mitad de un libro que disfrutas es acercarte poco a poco a un final, que en el caso de Dahl, seguro, es sorprendente.

Qué importante es disfrutar de lo que se haga, pero qué lujo es poder hacerlo de la lectura.

Os dejo con un anuncio de los del plan de fomento a la lectura. A mí es uno de los que más me gustan y más acertados me parecen. 



Agua curiosa

Encuentro, entre mis papeles, algo fechado en septiembre del año pasado. Me sorprende que me resulte tan familiar como desconocido. Como está con mi letra y lo que cuenta es cierto sé que es mío, pero ha debido quedarse en alguno de los pliegues de mi materia gris o quizá esté en la papelera de reciclaje, o ni eso, pero bueno, lo encuentro, lo leo y sorprendido y contento lo cuelgo ya que imagino que con ese fin y no otro, nació.


Llovió. A mí me encanta que llueva. Al agua también. Le encanta desprenderse de la nube, deshacerse de su forma de algodón y lanzarse al vacío, como gota de agua que cae, como lágrima de llanto largo, de cabeza alta. Pero las gotas se unen y forman un reguerillo, que se une y forma reguero, que se une y forma chorro, que se une y forma arroyo.


Y en forma de arroyo, curioso, entró en el sótano de casa, a ver qué encontraba por ahí. Y encontró, vaya que si encontró. Y se probó calcetines, camisetas, abrigos; escaló hasta la segunda balda de las estanterías, y leyó libros, algunos deliciosos, ésos y los que aguardaban en mis maletas antiguas, tanto que aún eran de cartón; escudriñó en las herramientas, y parece que le gustaron porque miró el taladro, la sierra de calar, el cepillo, besó dejando rostro férreo a tornillos, bisagras, destornilladores, ¿estaría pensando en montarse algo?; miró por debajo de una lavadora que recogí hace tiempo, por dentro, por el arcón de la tía, por entre los colchones, por los botes de lápices de colores (nunca había imaginado que los lápices de colores se deshicieran ante las caricias del agua) y por los secretos y por los rincones de cosas olvidadas, y otras no tanto.


Hurgó en mi cuaderno de adolescencia. Diálogos profundos ponía en la portada roja, y con letra de 16 años, (letra buscando aún cuál era la mía) engalanaba la portada el poema de Ahora, de Malinowsky.


Diálogos profundos que hablaban de mí, de lo que en aquella época era: de amor, de desamor, de inquietudes, de búsquedas... Sobre todo de búsquedas, me pasé la adolescencia buscando, a penas encontré nada o, bueno sí, pero no me bastó, por eso quizá, sigo en ello.


Y mezcló mi amor de diecisiete con el de quince y con aquel que nunca llegó a responder mis cartas. Las cartas. ¿Os acordáis de la emoción al recibir una carta? (no quiero hablar de la sensación al no recibir una contestación esperada con paciencia casi eterna, hoy no) Nada que ver con un sms o un correo electrónico. 


En Diálogos profundos también hablo de los amaneceres. Mira que me gustaba mirar los amaneceres, esperar el nuevo día, y despedirlo a sus atardeceres. Ahora también, pero menos. Ahora soy más de luna, me encanta tenerla presente. Estas noches es apenas un dibujillo en el cielo inmenso de fin de verano. 


Así era en la adolescencia, apenas un dibujillo, con miedo a estar vacío, a ser vacío, y con muchos más miedos claro. Porque a esa edad todo se hace a lo grande: se ama a lo grande, se sueña a lo grande, se bebe a lo grande, se tiene miedo a lo grande, se corre, se habla, se besa, se siente... A lo grande. El tiempo luego va ajustándolo todo y te da la libertad de decidir qué es lo que quieres hacer a lo grande, con todo y en esa elección se nos va la vida y se nos viene.


Y con el agua se emborronaron letras que ya nunca serán lo que fueron. Letras, que el agua, por leerlas, me las arrebató y las mezcló, las abrazó, las diluyó para hacerlas inteligibles.


Ahora, de aquello sólo me queda el recuerdo, que también diluirá no el agua, sino el tiempo.


Pero estoy contento, porque lo importante nunca se pierde, porque se lleva dentro, no cabe en una maleta, ni en un sótano, ni siquiera en una nave industrial.


El agua también quiso tocar un secreto: mi acordeón. Y entró por las teclas y navegó por el fuelle y llegó a los bajos. Y ahora, cuando suena, parece que llora. Es un acordeón ideal para tocar Querer, canción con la que os dejo. Así se ama en la adolescencia y algunos consiguen mantenerlo a lo largo de toda su vida.


Ojalá hoy pueda tender mis recuerdos al sol (soleil) y esperar a que se sequen, con gusto, notando como las gotas individualemente, vuelve a algodonarse, cargadas de todo lo que se llevan, quizá un tornillo, quizá un trozo de cartón, quizá alguna palabra que les haya gustado.  Y en la nube, depende de todo lo que se vaya uniendo, tomarán un color blanco cálido o negro amenazador para volver a la tierra. Y otra vez. Y así, recorriendo mundo, toda su vida, que es siempre.


Querer
"Dentro del corazón
Sin pudor, sin razón
Con el fuego de la pasión
Querer
Sin mirar hacia atrás
A través de los ojos
Siempre y todavía mas
Amar
Para poder luchar
Contra el viento y volar
Descubrir la belleza del mar
Querer
Y poder compartir
Nuestra sed de vivir
El regalo que nos da el amor
Es la vida
Querer
Entre cielo y mar
Sin fuerza de gravedad
Sentimiento de libertad
Querer
Sin jamás esperar
Dar solo para dar
Siempre y todavía mas
Amar
Para poder luchar
Contra el viento y volar
Descubrir la belleza del mar
Querer
Y poder compartir
Nuestra sed de vivir
El regalo que nos da el amor
Es la vida
Querer
Dentro del corazón
Sin pudor, sin razón
Con el fuego de la pasión
Y volar”

Ciento una entradas

Supero, con ésta, las cien entradas en este año 2009. Cien entradas que, desde luego, no coincide con las cosas que quería contar, ni con las cosas que he pensado en contar. Ésas son muchas más, pero claro, uno las piensa mientras va en el coche, principalmente, entre cuento y cuento, o tras una larga conversación de teléfono, o después de un capítulo interesante, o en la cama de un hotel, o en la propia, o... Pero, a veces por suerte o no, uno no siempre tiene a mano el ordenador, o las ganas, o las palabras, o el ánimo y decide cambiar de tema, o cambiar de postura y tratar de dormir hacia el otro lado, o levantarse a regar el laurel o echarle de comer a Señor, mi gato gris, o pasar la página, o continuar con el abrazo, o echarse a llorar, o a reír, o marcar un número de teléfono y no al azar, o colgar, o conformarse con un ¡genial! luego lo escribo. Y ahí queda, a veces en el olvido, como... ays, no me acuerdo. Y otras no, como hablar de Guadalajara y su maratón este año, o del robo de la noche a Munera, o Brujas de Dalh que ando leyendo esta semana, o una nueva categoría en el blog a modo de anecdotario donde contar lo del Bar Baza, o el mercadona.

Aún así, he superado este año las cien entradas. Cien entradas en las que, de alguna manera, quedan reflejados a pinceladas algunos retazos de mi vida, de mis pareceres, de mis padeceres, de mis soñares, de mis pesares, de mis pensares y, sobre todo de mis alegrías.

Me queda. Me queda mucho por aprender, y tratar de armonizar las fotos y los textos; buscar esa periodicidad y constancia que necesita un blog; me queda encontrar las palabras justas y precisas para no solo plasmar lo que quiero plasmar, que ya es todo un reto cada vez, sino aprender y avanzar con cada idea, con cada post; me queda sentarme con calma y tomarme mi tiempo sin límite para darle forma a todo ese revoltijo que recorre los adentros y tiene ganas de brotar, pero no hay manera, no hay tiempo; me queda leer, leer más blogs, de los buenos, y aprender, fijarme y aprender a escribir correctamente; me queda... puf lo que me queda.

Me queda calma, tiempo y palabras porque las ganas están. Me quedan tres más para superar ese fructífero 2007 y cinco meses de éste para contar todo aquello que me queda por vivir, escuchar, decir y, al fin y al cabo, compartir.

Aún así estoy contento de haber llegado a estos cien. No es importante la cantidad, pero creo que desde aquel primer post que rezaba El primero , un cinco de mayo de hace tres años, las teclas y el tiempo ha dado para ir madurando, para ir dotando mínimamente de personalidad este blog que, a veces, convierto en una responsabilidad, como las peritas, o las lunas, junto al de la Biblioteca de los elefantes donde feliz, cada lunes me entrego a un álbum de los que me apasionan. Noto cierta diferencia en la manera de bailar mis dedos sobre las teclas blancas de este ordenador, aunque me pise mucho, pierda el ritmo o, por inercia y sin que me de cuenta, de repente me descubra bailando como un pasmarote. 

Aún así, reconozco que me gusta poner a bailar los dedos sobre el teclado. Me gusta la música del teclado, me gusta elegir aquello que quiero contar y darle forma. Me gusta esto del blog. Me gusta también y mucho leer comentarios y andar pendiente. En varios blogs hay una especie de dibujo que pone "este blog se alimenta de tus comentarios", y es verdad, éste  también. Los comentarios son, no un señuelo de que hay gente que lee lo que vas  publicando, los comentarios son mucho más: son una manera de comunicar, a veces son una conversación hilada a los post, a veces son una sorpresa, gente que no esperas, que desconoces, que pasaba por aquí... Siempre son, sobre todo, una alegría así que gracias.

Así que me dispongo a seguir manteniendo vivo este blog y espero que las personas que lo leéis periódicamente, puntualmente u ocasionalmente, os animéis a compartir y dejar vuestras palabras.

¡Salud!

P.D.: Hay veces que no me aclaro con los botones de guardar como borrador o publicar entrada, y mira que está clarito, pero la torpeza de uno, o las prisas, o el qué se yo, hace que cometa errores como hoy que publiqué sin terminar este mismo post. Ahora ya está terminado, creo. ;o)

LATENTE

Más peritas. ¿Dos?, no, dos no. 


Resulta que ayer, mientras los cazadores daban un primer tiro a las 7.01 de la mañana y no paraban hasta las 9.30 pasadas, intenté conciliar el sueño primero, y al no poder me puse a tratar de  programar la entrada de peritas pizpirigaña para que apareciera hoy a primera hora, pero no me salió bien y, aunque con fecha del lunes, se publicó ayer domingo (no te puedes fiar ni del blogspot, ya). Resulta también que me pillaron/ásteis así que hoy lunes, pongo una nueva palabra, que nunca está de más, mira.



latente.

(Del lat. latens, -entis).

1. adj. Oculto, escondido o aparentemente inactivo.




Muerto me quedé. Andaba pensando, siempre, que latente era justo lo contrario, quizá por eso de latente - latir, vete tú a saber, pero mira, no hay como la R.A.E para desmentir cosas. Voy a ver si aparece Gurtel. Je.

Feliz semana. Mejor verano.


pizpirigaña.


1. f. Juego con que se divierten los muchachos, pellizcándose suavemente en las manos unos a otros.


Pizpirigaña es el nombre de una asociación que organiza cada año unas jornadas de animación a la lectura. Lo lleva haciendo muchos años y cinco en Río Cantos, una casa rural de Arenas de San Pedro, Ávila.
Rodorín, compañero narrador y mago de los objetos, me dijo en Madrid que no me las podía perder. Y sí. Pude. Pero el año que viene no quisiera porque basta parar el oído en cualquier lugar y la gente comenta y comenta bien de ellas, y para colmo de envidias, he encontrado su blog . Así que el año que viene, haré por no poder perdérmelas.
Feliz semanita.

Monitor Sociocultural

En el blog nunca lo he comentado, pero desde hace más de seis años, imparto un curso de formación ocupacional. Lo hago en Alicante capital y en FOREM. Desde allí, Mari Carmen, Olga o Maribel, seleccionan quince personas, mayoritariamente mujeres, que asisten durante casi tres meses a cinco horas diarias de clase. Dicho así suena duro, pero la verdad es que lo pasamos bien: Cantamos, jugamos, bailamos, hacemos manualidades y talleres, jugamos con plastilina, recortamos papeles de colores, pintamos con tizas, con ceras manley, con plastidecor, con los dedos, tocamos la escayola, las telas, hilos,  y aprendemos a elaborar básicamente un proyecto. 
Impartir un curso que dura 309 horas, aunque bien es cierto que desde hace ya varios años, no lo imparto entero por resultarme imposible compaginar mis sesiones con el horario fijo de las clases, me ayuda a un montón de cosas. 

La primera, tener un horario fijo al que atenerme, una rutina, una estabilidad. Parece que no, pero el hecho de trabajar hoy, mañana y pasado no, al otro recorrer 600 kilómetros y trabajar a las 22.00 h. y al día siguiente a las 12.00 h. está bien, pero de vez en cuando te desconcierta. El curso, sin embargo, empieza a las 9.00 h. y acaba a las 14.00 h. Sí o sí.  Uno agradece eso de cruzarse con la misma gente cada mañana. Aunque de vez en cuando.

Empezamos cantando. Todos los días una canción, o dos, según haya dado el viaje. Si hay atasco, o el tráfico es lento, o me he levantado cantarín llego con dos canciones o tres, vete tú a saber. Canciones de animación, para todas las edades: con gestos, bonitas, menos, con bailes, con letras en valenciano, en hebreo, en castellano, en... Quien canta su mal espanta, así que de buena mañana cantamos.

Después leemos a un viejo conocido de nombre Ventosa, en su libro superventas Manual del monitor del tiempo libre. Un libro de los pocos que recoge casi todo lo que hay que saber, de manera superficial muchas veces, pero lo recoge. En el interés de cada uno está el profundizar. Ventosa, a veces, es gracioso redactando, a veces mucho, a veces demasiado. Y más tarde jugamos, o hacemos un taller o, ahora, al final del curso ya, desarrollamos el proyecto de intervención sociocultural.

Este curso es todo de mujeres. Catorce, bueno trece, que Anabel se fue a dar a luz a su Alvarito. El mejor curso que recuerdo era solo de mujeres, se puede trabajar mucho más tranquilo que si hay un hombre o dos; los dos sexos se comportan de forma extraña si existe una minoría tan minoría. En este curso tengo de todo, como en botica, pero gente maja al fin y al cabo. Hay dos, las de la foto, que son las más jovencicas, una preadoslescente y la otra que aún no lo ha superado; pobres. Pero lo pasamos bien con ellas. Bueno, a veces, cuando las entendemos. 

Impartir el curso me obliga a estar pendiente y enterado de todo lo que tiene que ver con la animación sociocultural: los programas, las técnicas, los recursos, los éxitos, los fracasos... Y me permite permanecer activo en una materia a la que dediqué buena parte de mi vida profesional: la intervención sociocultural, la tercera edad institucionalizada, el diseño, desarrollo y puesta en marcha de proyectos de intervención, las dinámicas de grupos...

La tercera razón es lo que aprendo. Los cursos, formados por un grupo de quince personas escogidas mediante una prueba de selección, con distintas perspectivas, niveles, intereses, son, junto a mí, una muestra al azar de esta especie tan curiosa a la que pertenecemos. Compartir con ellas más de cien horas intensas, comunicando, expresando, compartiendo dudas y temores y sueños y tantas cosas más, jugando, cantando, bailando... me convence cada vez más de que los humanos, despojados de tanta tontería, somos geniales, únicos y maravillosos.

De cada curso, guardo relación con una o varias personas, depende del curso (aunque más de las personas), pero con todos, después de tantos años, mantengo un contacto más o menos estrecho, pero me alegra saber de todos. La relación de confianza y cariño se establece siempre, aunque a veces se entiende y extiende y a veces no.

Este curso no es menos. ahora que andan agobiadas con el proyecto, con su análisis de la realidad, su justificación, sus objetivos, su metodología, sus actividades, sus presupuestos de gastos, sus evaluaciones... yo ando apenándome de que quedan solo dos semanas para que esto se acabe. Pero bueno, el año que viene más, y, pondré mi empeño, para que también sea mejor.

El caso es que trato de pasarlo bien, y hacerlo pasarlo bien. Acercar a la gente a la intervención social lúdica, o simplemente experimentar que de adultos también podemos disfrutar de cantar o jugar me parece necesario en una sociedad en la que cada vez se canta menos y se deja de jugar a más temprana edad. Convencer de esto desde la experiencia, es hacer rodar más gente que ande convencida de que otro mundo, mejor en que nos dejen disfrutar, es posible.


Contar en Zamora

El jueves pasado tuve el lujo de contar en una ciudad que encuentro más bonita cada vez que vuelvo.
Realicé dos sesiones. Las dos organizadas por la Biblioteca de Zamora. La primera y familiar dentro de ZAMORA CUENTA, 2009 que celebraba su décimo sexta edición. 


Quizá por ello se llenó y había qué se yo la de gente, pero con la foto os podéis hacer una idea. Lo pasamos bien. Muy bien. Cuentos con libro, sin libro, cuentos a medio acabar, otros sin empezar, otros con un final que nadie espera, casi ni yo. Algunos grandes y largos, otros grandes y cortos. Unos más divertidos que otros, pero todos llenos de guiños a un público adulto que las pillaba todas. Lo pasamos bien. Insisto. Las profesionales también lo pasaron bien. Las Jornadas de cuentos van acompañadas de un concurso de dibujo. El público participante, puede recoger una lámina a la salida de la sesión y dibujar el cuento que más le gustó. y luego hacen una exposición, y un concurso y qué se yo qué más... se lo montan bien en el interior.
Curiosa es también la cola que se forma de chiquillos, chiquillas, madres, padres y tutores legales, para que les firmes el folleto que van rellenando con los autógrafos de todas las contadoras y contadores de la semana. No me digáis que no, pero uno se pone hasta nervioso al ver que tiene que firmar más de cien folletos. Y ¿qué pongo?, y ¿cómo te llamas?, y ¿qué cuento te ha gustado más? Total para poner mi flor con mi nombre o una estrella con el mismo nombre, que yo soy muy soso cuando me ataranto.

Comer con Rufi, la bibliotecaria, es  tener la seguridad de disfrutar de un buen yantar, una buena conversación y risas, muchas risas. Así fue y así lo cuento. 


Tratar de dormir con el calor sestero zamorano es como... no se me ocurre, pero difícil, difícil. Muy cansado tienes que estar y yo lo estaba, así que dormí plácido sudoroso.


La sesión de la noche no fue menos intensa. Un montón de gente esperando historias. Más quizá que en la familiar, pero claro, hay que aclarar que entre el público había muchos padres y muchas madres de la mañana, incluso algún infante y el público adulto mas gente curiosa que se iba sumando y se iban quedando a escuchar terminar las historias de YAYERÍAS.


Uno acaba cansado, no lo vamos a negar. Pero no se puede resistir a una cerveza o dos, o incluso tres, una conversación larga con música de fondo donde la cultura y las políticas culturales ocupaban el espacio que dejaba en la conversación el cierre de la Escuela de Teatro de Valladolid. Más tarde un par de cervezas más en un sitio de jazz donde sonó rock, del bueno, pero rock. Y más tarde aún, si cabe, y con menos gente, me regalaron un paseo aún más largo con una voz de fondo enseñándome lo nostálgico que puede llegar a ser vivir lejos de los lugares en los que se desarrolló tu infancia y tu adolescencia. A mí también me pasa. pasear por las calles del pueblo donde viví los veranos, algunos pares y otros impares, las semanas santas y las navidades de mi infancia y parte de mi adolescencia, es caminar por recuerdos, sensaciones, emociones. A parte, Zamora se pone tan bonita de noche.


Caí rendido y feliz por saber que al día siguiente llegaban dos grandes amigos y mi gran amor.


No lo recuerdo, pero seguro que soñé algo bonito.

ESBATIMENTO

Siempre me pareció una definición... déjame pensar... ¿sensual? sí. Dejémoslo ahí: sensual.


esbatimento.

(Del it. sbattimento).

1. m. Pint. Sombra que hace un cuerpo sobre otro porque le intercepta la luz.


Si hay algo que bordaba el festival de Segovia era el seguimiento que se le hacía desde uno de los periódicos locales. Desde no sé muy bien qué año, El norte de Castilla, presentaba una crítica a cada una de las sesiones del festival. A. Arribas, el periodista que firmaba los artículos, era una persona con un criterio firme y experimentado a través del cual analizaba cada uno de los trabajos que mis compañeros y yo mismo presentábamos con gusto e ilusión ante el público segoviano. En la crítica hablaba, tanto de lo que le gustaba como de lo que no y eso era loable. Es más, me atrevería a decir, que el señor Arribas, a quien me hubiera encantado conocer este año y agradecerle, no mi crítica que cierto es que fue buena, sino el trabajo que realizaba era bueno para mi oficio y me había permitido seguir con cierta proximidad y con absoluta fidelidad el festival del año pasado. Pero no ha podido ser. Este año, la dirección del periódico ha decidido sorprendentemente, desestimar el buen hacer del señor Arribas y dejar al periódico y con él a sus lectores de una sección creo que única en la prensa española. Leyendo algún comentario en su blog y escuchando algún comentario hecho por algún espectador del evento, me hago una idea, no sé si errónea, de que esto responde a una actitud de protesta política difícil de entender para mí, no por mi carácter mediterráneo, ni por no ser afortunado habitante de esta bella ciudad, sino porque siempre creí que la información era independiente y estaba por encima de la política. De hecho aún lo pienso, creo que el buen periodismo está al servicio de sus lectores y lectoras, del pueblo y no de los políticos que los gobiernan ni de las tendencias. Aunque bien es cierto que cada vez es más difícil encontrar este respeto a la ética en la profesión.


Por suerte, no todos reaccionan de la misma manera y este año, El adelantado, haciendo honor a su nombre, ha tomado el relevo, que ni siquiera recibió en mano sino que el primero lanzó sorprendentemente al suelo. El adelantado no ha tenido problema, es más, creo que lo ha hecho con gusto y cada noche envía a uno de sus periodistas a cubrir el evento. Bien es cierto que falta el recorrido y la experiencia que como espectador de narración oral tenía el señor arribas y por ello, particularmente yo, sigo echando de menos sus letras, pero el hecho de que dediquen un amplio artículo a desgranar nuestro trabajo me parece muy importante y resaltable y he de agradecerlo (Gracias señores de El adelantado, gracias Marina) con la ilusión de que no sea algo pasajero como lo ha sido en el Norte de Castilla.

En mi caso, parece que la profesional cubrió el evento con gusto, que es una forma muy mediterránea de cubrir. Feliz, leo esta mañana el artículo que a continuación pego y marcho seguidito hacia Zamora a contar en breve a niños y niñas y pro la noche a adultos también.


CULTURA

Félix Albo consiguió seducir al público en la segunda noche del Festival de Narradores Orales
Los asistentes pasaron de la risa a la emoción en una noche para el recuerdo

MARINA G. ARRANZ - Segovia




14-1coli(1).jpgLa expresión "quedarse en blanco" seguro que resulta desconocida para Félix Albo. Este mediterráneo, que tiene por oficio contar historias, consiguió abarrotar en la noche del martes el patio de la Casa de Andrés Laguna en la segunda jornada del Festival de Narradores Orales. Durante casi dos horas, el monologuista hizo disfrutar a niños y jóvenes, adultos y mayores allí congregados, con tres historias, aparentemente sin relación entre sí, que acabaron cerrando el círculo y convirtiéndose en una sola.
Para romper el hielo, Albo comenzó su intervención con lo que él mismo denominó "disociación mental", es decir, una serie de juegos que pretendían poner a prueba la agilidad y coordinación de los asistentes, que no pudieron más que romper en carcajadas al comprobar su propia torpeza. Desde ese preciso instante se creó un vínculo cómplice entre el narrador y sus oyentes, que no se rompió hasta el final de la noche, cuando este maestro de la palabra se despidió entre aplausos del encantado público, que incluso había permanecido de pie o sentado en el suelo ante la falta de asientos.
La comicidad de las historias, contadas siempre en primera persona, era evidente y las risas prácticamente constantes. Una noche de borrachera en un pequeño pueblo de Soria, una amable anciana que sólo sabía cocinar tortilla de queso, un extraño tic que obligaba al narrador a agitar su brazo izquierdo cada vez que se ponía nervioso… fueron sólo algunas de las aventuras que los asistentes escuchaban con gran atención y con una sonrisa siempre en los labios. La agilidad verbal de Albo dejó asombrados hasta a los más exigentes. Y es que sin apenas una pausa para respirar, el monologuista hilaba los acontecimientos, sin olvidar ni un solo detalle, logrando que el público se metiera plenamente en la historia, olvidara que se encontraba en la antigua Judería de Segovia y pasara a acompañarle en todas sus peripecias. Incluso fue capaz de incorporar a su relato las interrupciones de los teléfonos móviles.
Cuando el cuento ya no podía resultar más grotesco y el final resultaba imprevisible, el narrador cambiaba absolutamente de registro: del monólogo cómico pasaba en un solo segundo a la narración novelesca más sentida, que conseguía conmover a los asistentes. Las risotadas fueron sustituidas por el más absoluto silencio y donde había algarabía se pudo vislumbrar algo de tristeza. Historias de amor, muerte, dolor y guerra ponían la guinda a aquello que parecía que iba a terminar de la forma más humorística posible.
Estos cambios no hicieron más que añadir encanto a una noche donde los televisores de las casas se cambiaron, por una vez, por la magia de la narración en directo, de la que los segovianos podrán seguir disfrutando cada día y hasta el próximo domingo, a partir de las diez de la noche.




pie de foto Albo narró ayer por la tarde cuentos para los más pequeños en el Jardín Botánico / Fernando Peñalosa

A Segovia ya la nombré Ciudad Oreja cuando hace ahora dos años, tuve el lujo de participar en el festival que en esta ciudad se desarrolla. Este año celebra su décima edición. Para ello, el organizador y también narrador Ignacio Sanz (escritor, alfarero y, como a mí me gusta llamarle, caballero) ha decidido celebrarlo llamando a los siete narradores más relevantes de los nueve años de festival: Pablo Albo, Pepe Maestro, Martha Escudero, Soledad Felloza, Quico Cadaval y un sonrojado servidor.

A media tarde conté ante unas doscientas personas en el Jardín Botánico, pequeño y coqueto, donde a la sombra de varias especies arbóreas se sentaban casi en fila los impacientes niños y niñas y no tanto, que cinco minutos antes de las 20.00 h. ya coreaban su que empiece ya, que el público se va. Treinta y cinco minutos de cuentos bastaron para captar la atención y disfrutar con cuentos que se van despidiendo ya de mi repertorio.

Pasear por Segovia es un regalo. Hacerlo conversando con Ignacio no tiene precio. La casa de Andrés Laguna, espera, con 350 sillas que a veinte minutos de la actuación están prácticamente ocupadas. según suenan las campanadas de las 22.00 (que ayer no sonaron) la quietud se apodera del patio de esta casa y la palabra sube al escenario en forma de narrador. 


Ayer conté Yayerías, con un regalo en medio que me apetecía que este público escuchara: La casa del mal aliento. Los cuentos, fueron tomando forma ante las personas que ocupaban todas las sillas y unas treinta o cuarenta más que escuchaban de pie. Y lo hicieron, durante las casi dos horas que duró la sesión y que se pasaron volando. Las risas, los silencios duros y tensos, algún sollozo, las miradas, los sustos y más risas en forma de carcajada, no se detuvieron ni un instante, celebrando ese acto de comunicación, de intercambio de palabras y emociones que es el contar cuentos. 


Contar en este festival tan bien cuidado por su organizador, contar a este público cuyo único objetivo al sentarse expectantes en las sillas es el de dejarse llevar de la mano de la palabra de la persona que cuenta, y la luna, que ayer nos encandiló, conformaron una bellísima noche que, espero, provocara un buen sabor de boca de esos que duran, por lo menos hasta esta noche que ya impacientes esperamos las palabras de Pepe Maestro.


La foto de la luna, evidentemente, no es de Segovia. Era la luna que miraba el lunes, mientras preparaba la maleta para venir a estas tierras de interior donde también luce bella y más bella hace las piedras que dan forma a esta ciudad.



Aquí estamos en plena luna plena. Camino, por qué no decirlo, de la bella Segovia donde esta noche tendré un placer grande (ya lo tengo) por participar en el festival de esta capital pequeña y grata, como a mí me gustan. Ojalá este verano se os llene de historias para contar en otoño, y en invierno que se asoma largo. 
Nos vemos, si queréis, por:
mar 7. SEGOVIA, sgv
20.00 h. CUENTOS DE MALETA en el Jardín Botánico
22.00 h. YAYERÍAS, en la Casa de Andrés Laguna
jue 9. ZAMORA, zam
12.00 h. CUENTOS DE MALETA, Salón de actos de la Alhóndiga.
22.00 h. YAYERÍAS, Mirador de San Cipriano.
dom 12. POZO CAÑADA, abc
22.00 h. YAYERÍAS, en el Centro Cultural.
jue 23. VILLANUEVA DE LA JARA, cue
23.30 h. YAYERÍAS, en el patio de la Casa de la Música.
jue 30.  VINAROZ, cas
22.00 h. YAYERÍAS, Biblioplatja, en la Platja del Forti.
vie 31. ALICANTE, alc
22.00 h. YAYERÍAS, Centro social Playas, Avda Costa Blanca, 19, Playa de San Juan.
Y poco más. Julio es un pequeño receso que me permito, unido a agosto, que dedicaré a terminar de pulir el nuevo espectáculo que uniré a mi repertorio en la siguiente temporada. 
Feliz verano. Muchas brisas, noches, besos, sangría fresquita y palabras, no dejéis de mirar al cielo hoy, ni mañana, ni...
Félix Albo

Moralidad infantil

Papi, papi -llega Pau con sus cuatro años y una cara de asombro, corriendo hasta donde ando plantando una lantana, a la sombra de un algarrobo que representa mucho más que su sombra- las hormigas se están comiendo un pajarito.

Eso es normal, Pau -le digo con la calma de un adulto que entiende y respeta las redes tróficas- en verano las hormigas almacenan toda la comida que pueden para pasar el invierno; si son semillas, semillas, si son frutos, frutos; si son escarabajos, escarabajos; y si son pájaros pues pájaros.

, -impaciente- es normal pero no está bien porque el pajarito se está moviendo.

Ahora la cara de asombro la pongo yo. Los dos, nos vamos hacia allá, yo disimulando mi premura y al llegar compruebo que, efectivamente, con voracidad, unas diminutas hormigas rojizas, en batallones de 72 están devorando a un gorrioncillo aún sin apenas plumas al que ya no le sale ni la voz mientras se retuerce de un dolor que las leyes internacionales no alcanzan a entender y por eso no recogen.

Así que intervenimos: cogemos al musitoso polluelo, lo lavamos debajo del grifo con agua templadita hasta deshacerle de sus tozudas devoradoras y lo depositamos en uno de los nidos del tejado. Hasta aquí la ayuda, a partir de ahí el devenir hará de su futuro algo perecedero o quizá este hecho sea uno más en su gesta. 

Pau queda más tranquilo con la seguridad de haber hecho algo correcto. Yo no lo tengo tan claro ya que para salvar al polluelo, semiahogamos a un número realmente inconcreto de hormigas, pero la imagen del polluelo retorciéndose era dantesca y solo imaginar los gritos del polluelo si fuera niño o adulto merecía la intervención.

Aquí queda un retazo del cotidiano veraniego en el campo donde la vida y la muerte afloran como algo natural día a día, por suerte, para mí, para Pau y, en este caso, esperamos que para el polluelo. Por el hormiguero, que nadie se preocupe, ya le caerán migas, o semillas o cualquier otra desgracia.

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