Tavernes y Rafelcofer

No dije nada pero estuve la semana pasada en dos municipios donde no había contado nunca. En Tavernes de Valldigna (que hay otras Tavernes pero son les Blanques) estrené Biblioteca. Una biblioteca grande, adosada a la Casa de Cultura, unida a ella por un pasillo laaaaaargo. La Biblioteca tiene una vidriera que va desde la segunda planta a la primera. En la de arriba estudian y disfrutan libros los adultos, en la de abajo, que es la de la foto, los niños, niñas, jóvenes y adultos que leen prensa y mapas. Las bibliotecarias, por lo menos las tres que conocí yo, majas majas, y la sesión curiosa cuanto menos. Rondábamos los 50 en número y los 60 en edad media. Asistieron un buen grupo de mujeres de la Escuela de Adultos y dos chicas que tuvieron a bien y valor para sentarse en primera fila. Las historias fueron saliendo de poco a poco y de poco a poco la sintonía hasta una entrega total. Con un hombre como usted no sé yo dónde iba - me llegó a decir una mujer a la que la risa la tenía desbordada. Que tengo un marido que no se ríe de nada -seguía, y allí yo, tan tímido como soy, sin saber qué decirle hasta que al final me animé -pues búsquese a otro mujer, que tiempo hay, solo hacen falta ganas - y otra vez la risa. De sorpresa y de las gratas vino Luisa, la bibliotecaria de Simat que queda cerca, con su hija a las que ya conocí en el encuentro que se organizó allí el año pasado.

Corriendo, corriendo, riendo, llego a Rafelcofer. Es un municipio pequeño cerca de Gandía, que queda rodeado de naranjos y un silencio nocturno lo envuelve. Allí me espera Reme, su bibliotecaria, que me lleva al bar de la piscina a comerme un bocadillo de jamón del bueno y una alhambrita fresca. No sabemos, de entrada, cuánta gente puede venir, igual tres, igual 50. Y ahí anduvimos, nerviosos, pero poco porque en la puerta del auditorio nos espera un grupo de gente grande, pero no tanto como el que está por venir, y vienen con ganas y eso se nota. Yayerías conté en Rafelcofer. Lo pasamos bien también, y la noche noche se nos echó encima. Entre el público Paula y Lorena, las de la foto, que me habían visto en Tavernes (las de la primera fila) e hicieron el mismo viaje que yo para seguir escuchando en la misma tarde, con la misma voz, historias distintas y eso merece una foto, claro, que cuelgo aquí, y unas gracias que ya di allí. Ademas Lorena ya me había visto en Ibiza. Qué grande este oficio y qué pequeño el mundo.

Me encanta trabajar por mi tierra. El viaje de vuelta vine oliendo a mar, ése que da forma y razón a nuestra cultura. Además aún no huele a protector de factor 15. Un lujo oiga. Un lujo.

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